sábado, 24 de junio de 2023

607. Zarcillos

Ha comenzado el verano, una estación que a Sara le gusta. Hace viento y sus largos pendientes bailan, le hacen cosquillas y eso también le gusta. Es su primer día de vacaciones y contempla su ciudad como si la viera por primera vez.

Anuncian una ola de calor y, aunque ella no presta oídos al miedo; como viene de un largo paseo, se cobija en la sombra de un árbol a esperar que el semáforo se ponga en verde. 

Mira hacia arriba y se sorprende. Se pregunta qué árbol es el que luce unos zarcillos, como decía su abuela, tan hermosos. 

Y pronuncia en voz alta el principio de la égloga de Stefan Hertmans. 

Imagínate: ser un árbol 

Pues si tengo que elegir, yo quiero ser este.

viernes, 2 de junio de 2023

606. Ilusiones

 Se despertó y no sabía dónde se encontraba. El día

anterior había conducido muchas horas para ver a sus

amigos, compartir vivencias y actualidad. Mientras ellos

recogían los restos de la cena se tumbó en la hamaca y

el frescor de la noche hizo el resto. Clareaba el día y

en ese no saber ni la hora, ni en qué lugar se había

despertado vio la lámpara cuya luz le molestaba y se

incorporó medio dormido. Buscó el interruptor de perilla

como recordaba. Incluso introdujo la mano entre las

hojas de la parra y la dama de noche.

Nada, qué había sido aquello, se preguntó. 

¿Una ilusión o más bien la desilusión de no hallar lo que

buscaba? Recordó las conversaciones y, en especial, el

perfume de las flores como aderezo expandiendo su

olor en la noche. 

¿Ilusiones? Lo más importante era no perderlas, aunque

el trasiego de la vida las apagara, de momento. 















viernes, 12 de mayo de 2023

605. Jacarandá

 

Cada año por primavera repito como un mantra

este nombre:

J, A, C, A, R, A, N, D, A

Me gusta pronunciarlo con acento o sin él.

Si miro al cielo ahí están sus racimos abiertos y

el esplendor de sus flores.










Si miro al suelo,

cuando sus flores se desprenden del árbol,

se unen en una alfombra que da pena pisar.






Ojalá llueva para que siga su ciclo

porque cada año son todo un regalo de color.


Más: https://es.wikipedia.org/wiki/Jacaranda_mimosifolia

domingo, 23 de abril de 2023

604. Felices lecturas


Este libro es una pequeña joya, es para detenerse en todas las puntadas sin hilo que da su autora; se adelanta a su tiempo, expresa sabiamente todo lo que podemos sentir en cualquier época. Su prosa es tan rica, poética y sugerente que es para leerlo más de una vez porque, eso sí, hay que prestar atención.

El blanco Faro, lejano, austero, se hallaba en medio; a la derecha, hasta donde alcanzaba la mirada, desvaídas e incesante, con delicados pliegues, se veían las dunas de verde arena, con sus flores silvestres sobrevolándolas, que parecían correr perpetuamente hacia algún deshabitado país lunar.

Esta era la vista que su marido amaba, dijo, deteniéndose, mientras sus ojos se volvían aún más grises.


En estas "Conversaciones sobre la escritura" de 101 páginas se condensa la sabiduría de su autora en tres apartados: narrativa, poesía y ensayo.

En el primero dice Ursula:

Yo oigo lo que escribo.

Y en esta cita de una conferencia suya nos explica:

Por debajo de la memoria y la experiencia, por debajo de la imaginación y la invención, por debajo de las palabras hay ritmos ante los que la memoria, la imaginación y las palabras se ponen en marcha; la tarea de quien escribe es ahondar lo suficiente para sentir ese ritmo y dejar que ponga en marcha la memoria y la imaginación para que estas encuentren las palabras. 

Y a continuación nos cuenta:

Eso lo aprendí de Virginia Woolf, que lo dice con unas palabras bellísimas en una carta a su amiga Vita, en la que explica que el estilo es ritmo, “la onda en la mente”, la onda, el ritmo están antes que las palabras y hacen que las palabras encajen.

viernes, 7 de abril de 2023

603. Una luz que arde

 



Si todos los colores son el blanco,

cómo decir el gesto, la ventana

o es nube encendida

sobre el río que es luz

que no se nombra y arde

y pasa y es olvido.   


Ángel Campos Pámpano,

La ciudad blanca (1988)

domingo, 19 de marzo de 2023

602. Buscando el calorcito

La abuela salió a buscar el sol. Iba con cuidado por 

el empedrado cuando se paró en seco sorprendida:

-Ay, hija, no la pisé de milagro, de no haber sido por esa 

sombra que me levantaba las orejas,

 como advirtiéndome…

viernes, 24 de febrero de 2023

601. Ejercicios

 

Ejercicios



Un poema

como una gran batalla

me arroja en esta arena

sin más enemigo que yo


yo

y el gran aire de las palabras.


Blanca Valera, Valses,

México, 2012

viernes, 3 de febrero de 2023

600. Mesa de camilla

Tres mujeres estaban sentadas alrededor de una mesa de camilla. Dos hablaban hasta por los codos y no me dejaban estudiar. 

La que escuchaba era mi madre que, de vez en cuando, les  decía: chittt, la niña está haciendo los deberes, pero ellas ni caso. Seguían hablando de sus hijos con el tono cada vez más alto.


La mayor comentaba que no ayudaban en casa, ni con las tareas, ni económicamente.

La más joven le decía, entre otras cosas, que los hijos no son un negocio. Al escuchar esto último la cara le cambió a la mayor. Contestó enfadada y atacando. 

¡Pero están viviendo gracias a ti: los paristes, los educastes, le das lo que necesitan! Y, cómo te responden; con el olvido, ni te llaman.

Pero no se los reprocho como tú; yo nos lo quiero hipotecar, que parece que con lo que haces por ellos les pidas intereses.


Como el tono iba subiendo mi madre zanjó la cuestión con unas preguntas:

A ver, ¿los hijos piden nacer? No, ¿verdad? Están aquí porque lo elegimos como padres y los queremos y cuidamos porque ha sido nuestra elección. Es nuestra responsabilidad. Y la mía ahora es cuidar de mi hija, que haga los deberes 

y ayudarle si lo necesita.

Se levanta para invitarles a irse, pero la mayor no conforme, me mira y le pregunta a mi madre algo indignada. 

Y, ¿crees que ella te va a ayudar cuando lo necesites?

Ese será su problema, no el mío, contesta sonriendo. 


Cuando se fueron, comenté que había cosas que no entendía.

No te preocupes, dijo mi madre poniéndose el delantal, cuando seas mayor lo comprenderás, y más aún si tienes hijos. Y ahora que se han ido a lo tuyo.


Hacer los deberes en la mesa de camilla mientras mi madre trasteaba en la cocina era mi música preferida.

viernes, 27 de enero de 2023

599. Vivir

 Vivir, ya he dicho:

Tener sobre las manos un fajo de papeles:

un lápiz, libros, dibujos, sueños.


Tomar el invierno para tejer

una mansión de lino

Vigilantes los senos,

escondidos en la piel.


Vibrar


Repasar las camisas,

acomodar los sueños,

dejar en perfecta

armonía:



los clavos, la canela,

el azúcar y los aromas... 


Mía Gallegos, parte del poema “Los Reductos del sol”

sábado, 7 de enero de 2023

598. Se acabó...

 La Navidad se acabó, pero nos quedan los cuentos:

Hambre

A Clara la conozco desde el colegio. Más delgada que un

espárrago del campo, no como yo que me como hasta las

piedras.  Ella tiene una nariz afilada siempre metida en los

libros, como si se escondiera en ellos. Yo se los prestaba

todos y ella me dejaba copiar en los exámenes.

Las navidades eran lo peor, no tenía apenas regalos y yo

de mis ahorros le daba para dulces.

Un año al volver de vacaciones la vi más alta, más espárrago,

pero feliz.

-¿Sabes lo que he hecho con tu dinero?

Me encogí de hombros. Estaba claro que si había comprado

dulces no había puesto ni un kilo.

-He leído tres libros, me dijo al entrar en clase.

Me dejó intrigada. Pensé que, como habían mandado leer en

vacaciones un libro, había empleado en eso mi regalo. Pero

¿tres? Me puse en lo peor, podía haberlos robado.

No pudimos hablar hasta el recreo. La cogí por un brazo y la

llevé hacia un lugar apartado para echarle la bronca. 

-No te preocupes, no he robado nada ni a nadie -me dijo al ver

mi cara de desconfianza-, mi madre necesitaba un vestido y

me pidió que la acompañara a una de esas grandes superficies

que han nacido como setas. 

Mientras ella revolvía cielo y tierra para descubrir una ganga,

observé que en la caja mujeres elegantes cambiaban algunos

vestidos. Seguí a la dependienta que llevaba los devueltos al

perchero. Me puse a buscar por si había uno para mi madre

(aún tenía tu dinero y pensé dárselo a ella), pero el que escogí

tenía el cuello algo sucio. Entonces escuché a dos mujeres

que criticaban a “esas señoras” que, aún teniendo dinero, iban

a descambiar las prendas después de usarlas para una fiesta

como si nada. A mi madre no le gustó lo que había y no me

cogió el dinero.

-Pero ¿qué tiene que ver eso con los libros? -le pregunté

impaciente mirando mi reloj, se acababa el recreo.

-Tu sabes que yo adoro los libros y que te los devuelvo nuevos,

sin tachaduras ni páginas sueltas; pues en una  enorme

librería, que habían abierto nueva, daban facilidades para

cambiarlos. Escogí uno y lo compré para regalo. Lo demás te

lo puedes imaginar.

Entré en clase pensando que mi amiga tenía cada vez más

hambre de palabras.

viernes, 23 de diciembre de 2022

597. Navidad de colores

Deseo abrir una puerta a la esperanza para que todo vaya mejor y

como los deseos son múltiples, he deseado tirar tomates a 

quienes hacen que perdamos la ilusión de un  mundo mejor,

quienes mienten pensando que somos idiotas,

quienes no se respetan ni a ellos mismos,

quienes se creen los dueños del mundo o de su propio país.


Pero como esto no deja de ser un costurero, he traído telas

de colores para vestirnos de alegría y de felicidad,

porque las dos son otra forma de resistencia,

como dijo Almudena Grandes.


Os deseo todo lo mejor.

Muchas felicidades y abrazos.

viernes, 9 de diciembre de 2022

596. Llueve, ¡qué alegría!

Sí, por fin es la lluvia esperada que empapa y acumula. He escogido un texto y un poema de dos narradoras que me gustan para ilustrar esta entrada.


Leyendo a Isak Dinesen (seudónimo de Karen Blisen) en Memorias de África.


Cuando el sonido cada vez más acelerado pasaba sobre tu cabeza, era el viento en los altos árboles del bosque, y no la lluvia. 

Cuando corría a lo largo de la tierra, era el viento en los arbustos y en las largas hierbas, y no la lluvia.

Cuando susurraba y sonaba sobre la misma tierra, era el viento en los maizales -donde sonaba de una forma tan parecida a la lluvia que te engañaba una y otra vez y hasta cierto punto te compensaba, como si estuvieras viendo una representación de lo que deseabas-, y no la lluvia.

Pero cuando la tierra respondía como una caja de resonancia, con un ruído fértil y profundo, y el mundo cantaba en torno tuyo, en todas las dimensiones, por encima y por debajo, esa era la lluvia. Era como volver al mar cuando has estado mucho tiempo lejos de él, como el abrazo de un amante.


A Isak Dinesen


Tu voz, honda y serena, transparente

como el agua de ríos primordiales,

brota en la espesa noche y cae al alma

y cae al corazón.

Tu leve gesto

desde el fondo del libro alza su vuelo,

y es como si un paréntesis se abriera

en la africana tarde silenciosa.

Con los zapatos llenos de agujeros

te veo atravesando la llanura

o las rosadas calles de Nairobi

alta de luz y frágil como un ciervo.

Hermosa y digna vas tocando puertas, 

dulce reina arruinada y pesarosa.

En la página se oye tu suspiro

y tu infinito amor triza la noche,

llega hasta mí,

restaña mis heridas. 


Piedad Bonnett En consideración a la alegría  

Del libro de poemas Nadie en casa  

De la colección Un libro por centavos