Lo propio del verano y si estás cerca del campo es encontrarte de todo. Soy amiga de los que no pican (este año ha llovido tanto que hay que temer a los mosquitos), pero a los demás me gusta observarlos, incluso en la ciudad, aquí en sus últimos momentos:
domingo, 24 de agosto de 2025
651. Insectos
miércoles, 18 de septiembre de 2024
633. Miedos
Desde un chiringuito de playa contemplo las olas que se encuentran, se besan… Como se saludan y besan dos mujeres mayores en la mesa contigua. Hablan fuerte, pido un café y cierro el libro. A quien nos gusta escribir nos aconsejan que debemos agudizar la atención y la escucha.
-Uf, -se queja la que parece más joven- ¡qué manera de sudar!
-Hija, no me extraña, ¡si has cogido la bici para llegar, con la que cae a esta hora de la tarde! Así estás: fuerte y musculosa. Mira yo, todo me cuelga y el esqueleto me cruje cada día más.
-Anda, no te quejes que tienes un cutis estupendo, casi sin arrugas. Con este paseo marítimo que tenéis bien podías montar en bicicleta también.
-Si yo te contara…
-Pues venga, cuenta mientras me tomo una tónica para refrescarme.
-Yo no pude montar en bici de pequeña, ya sabes lo temerosos que eran mis padres.
Se me iban los ojos cuando veía a mis amigas después del colegio dar vueltas con las suyas, mientras yo merendaba mi “papocha”. Sí, no me mires así; al pan de máquina, como lo llaman en otros sitios, se le corta un trozo del pico, se saca la miga en círculo sin romperla y se vierte dentro aceite de oliva y azúcar, se vuelve a tapar con la miga y se presiona para empaparlo. Eso nos quitaba mucha hambre aquí en el sur, además de alimentarnos.
Mi amiga disfrutaba de su bici y nunca me la dejaba porque yo no sabía montar.
Pasaron los años, tuve hijos y le compramos una bicicleta al mayor, su padre le enseñó a montar y a mi me encantaba mirarle dando vueltas en el llano de mi infancia.
No recuerdo si fue idea suya o mis ganas reprimidas durante tanto tiempo, que un día me atreví y aprendí a montar en la bici de mi hijo. No era igual que conducir un coche dentro de él tan resguardadita. La sensación de equilibrio, de ir de cara al aire, de dominio era sensacional...
-Genial, me alegro y ¿entonces? Venga, sigue contando.
-Pero de pronto, en ese dar vueltas todo volvió, el miedo de mis padres a mis caídas, el miedo, el miedo…, ese miedo atroz que te paraliza hasta para correr.
Yo lo había apartado al educar a mis hijos, aún así, no quería romperle esa bici que tanta ilusión nos había hecho a los dos, y…, también otro miedo, que no todos desaparecen, el miedo a caerme y estar impedida para seguir cuidándolos.
-Bueno, pero esa asignatura pendiente supongo desapareció, ¿no?
-A medias, porque ahora que vivo sola tengo más miedo de caerme.
Siguieron hablando y me marché con sus risas en mi oído. Sabían reírse de sí mismas y tomarse la vida como viniera.
viernes, 19 de julio de 2024
631. Perder el tiempo
Me gusta el verano, siempre ha sido mi estación preferida y nunca me ha importado sudar. De hecho, mientras mis hijos aún pequeños dormían la siesta, yo aprovechaba para pintar el piso en vacaciones.
Pero lo que más me gustaba y me gusta es “perder el tiempo”, ese que dicen no existe y que cuando realmente lo perdemos es haciendo y haciendo cosas sin tomar conciencia de lo que hacemos.
Reconozco que hay trabajos que mejor dirigir la mente lejos si se puede, porque son penosos, por no decir horribles. Impactan. Por ejemplo, los que relata Isaac Rosa en su libro, “La mano invisible” para describir los distintos oficios que realizan las personas. No es un documental, el autor se vale de un experimento a modo de performance donde asiste el público que puede comprobar desde el origen: el proceso que sufren los materiales, los alimentos que nos llevamos a la boca diariamente, las personas que los ejecutan, incluso lo que piensan y cómo se sienten sobre lo que hacen. Es tanta la documentación del autor y tan detallada que no lo he terminado. Lo haré, pero no es un libro para el verano, ni para desconectar de lo que sea que hagamos.
¿Perdemos realmente el tiempo cuando repasamos lo que nos rodea?
Cuando observamos también pensamos y si no, cómo casi sin darnos cuenta entran en nosotros sonidos, colores, olores, o impresiones que como en una sinestesia nos llevan por caminos, a veces, poco transitados.
A mí ahora, a transmitir lo que pensaba.
domingo, 7 de julio de 2024
630. Entre el mar y el cielo
Junio es un mes para disfrutar de los días más largos. En los días calurosos aprovechamos para hacer una escapadita a la playa.
Me he traído el mar y el cielo, la soledad de playas casi desnudas para recordarlas así.
Deseaba mirar hacia un lugar donde no hubiera guerra, ni odio, ni mentiras, ni todo lo horrible de este mundo.
martes, 29 de agosto de 2023
611. SOL
Todo con mayúscula.
En el sur y en la llanura del interior no se ha podido tomar sin riesgo de quemarnos.
Pero ahí están ellas, las libélulas.
Ni porque me acerque a tender la ropa se van, me acompañan y puedo apreciar su belleza.
Les encanta subirse a la horqueta que formamos con varias cañas secas para elevar el cordel.
Más: https://es.wikipedia.org/wiki/Anisoptera
sábado, 24 de junio de 2023
607. Zarcillos
Ha comenzado el verano, una estación que a Sara le gusta. Hace viento y sus largos pendientes bailan, le hacen cosquillas y eso también le gusta. Es su primer día de vacaciones y contempla su ciudad como si la viera por primera vez.
Anuncian una ola de calor y, aunque ella no presta oídos al miedo; como viene de un largo paseo, se cobija en la sombra de un árbol a esperar que el semáforo se ponga en verde.
Mira hacia arriba y se sorprende. Se pregunta qué árbol es el que luce unos zarcillos, como decía su abuela, tan hermosos.
Y pronuncia en voz alta el principio de la égloga de Stefan Hertmans.
Imagínate: ser un árbol
Pues si tengo que elegir, yo quiero ser este.
martes, 13 de septiembre de 2022
593. La calita
Una mujer. Siempre balanceándose en una mecedora después de comer. Estos días y especialmente hoy, no duerme siesta. Es su cumpleaños y disfruta de una cala escondida en una playa. Se balancea, pensando en aquel lejano verano. La contempla embobada y disfruta.
En la cala escondida había que seguir el caminito de piedras y dar pasitos cortos para introducirse en el agua, pero ella, que siempre ha sido previsora, llevaba unas zapatillas de goma que le protegían sus pies demasiado castigados por trabajos que ya no la ocupan.
Lo bueno de las calas es que pronto se pierde pie y se puede nadar; también, asomarse desde el mar a la contemplación de una costa distinta, abrupta y por eso más atrayente. ¡Qué placer! ¡Nadar hasta cansarse, tomar el sol, abandonarse! Recordarlo la relaja, incluso, ahora.
Y ahí sigue ella, cada día meciéndose y contemplando una foto antigua y ampliada que ni siquiera parece la cala de entonces, pero qué más da, si está todo en su cabeza.
Lo importante es la foto enorme colgada a modo de almanaque en la ventana cerrada de su habitación. Cada día y hoy con más motivo él la despliega para, cogidos de la mano, volver a viajar juntos.
domingo, 14 de agosto de 2022
jueves, 28 de julio de 2022
590. El árbol
El árbol quiso crecer,
cerca de las piedras,
cerca del agua,
cerca de ella.
Pero se tuvo que conformar con su sombra.
viernes, 8 de julio de 2022
589. ¿Dónde está el árbol?
Le estaba enseñando a Perico la libélula o zapatero como la llamamos y me preguntó ¿dónde está el árbol? Le expliqué el porqué el vecino había quitado el pino; toda la familia era alérgica a las orugas.
En ese instante hizo aparición la voz potente del chatarrero en la calle. Iba, como de costumbre, con su carrillo de mano y solicitaba: hierro, cobre, y otros materiales para vender.
A pesar de su interés por el árbol, noto que el niño ya no me escucha. También se olvida de la libélula y las explicaciones que pensaba darle y me señala el camino de la cigarra.
-Claro, por eso corre que se las pela, para darle un chupetón a la tuerca, igual le falta hierro como a mí.
-¿Cómo?
-Sí, tía, es que tú no has visto que mi madre por la noche le clava una puntilla larga a una manzana, por la mañana se la quita y me hace comérmela a trocitos.
A J. M. esté donde esté.
lunes, 13 de junio de 2022
588. Piedras
Piedras que otean
Piedras que esconden
Piedras que gritan
Piedras que hablan
Ya sé, como todo el mundo, el abismo que separa la materia inerte de la materia viva pero me figuro también que una y otra podrían presentar propiedades comunes. Roger Caillois
https://www.uv.mx/gaceta/Gaceta70/70/pie/pie04.htm
sábado, 14 de agosto de 2021
viernes, 23 de julio de 2021
568. Tender y guardar la muda
Estoy casi en el campo y observo cómo los insectos se han adueñado de las casas vacías; moscas, más pesadas si cabe, hormigas que muerden sin verlas y no le puedes ni poner el pie encima como en el poema de Silvia Nieva en su libro La fábrica de hielo:
Ser
hormiga hoy.
Levantarse,
romper el trayecto,
encontrar
el pie que pisa
y morderlo tantas veces
que el dolor lo
paralice.
Sin embargo, la hermosa cigarra o chicharra en silencio se desprende de su muda;
se agarra al tendedero con toda su fuerza, porque no debe ser tan fácil como parece y despliega sus alas no sin antes dejar tendida su muda, que hace compañía a la nuestra todos los veranos. Yo prefiero el canto de la chicharra a que me molesten las moscas, aunque si están así de quietecitas como llevan un rato en la lámpara, pues que disfruten.