martes, 11 de junio de 2019

503. Levedad


¿Qué observas, la levedad?



Un soplo suave y ya no está

martes, 28 de mayo de 2019

502. Mi cuerpo es un armario


Por fin se iba a cumplir lo que me dijo mi prima: “no seas tonta, Jimena, ¿tú sabes lo que es tener seguridad?” Ella llamaba seguridad a comer todos los días. En nuestra tierra no podíamos, por eso me decidí a poner tantos y tantos kilómetros de por medio.

Cuando va llegando el verano siempre lo recuerdo. Hacía tanto calor a media mañana que, al entrar en el edificio de la Seguridad Social, el frescor de los aires acondicionados fue un regalo. Yo no había estado nunca en un sitio así. Toda una planta baja dividida en dos niveles, en el de abajo había muchas mesas colocadas en hilera y sentados detrás de ellas hombres y mujeres que estaban para atendernos. Cogimos número y nos sentamos a esperar que nos tocara. Le di a mi señora una revista que acababa de comprar en un quiosco y me puse a observar. Es lo que más me gusta, además, es mi modo de aprender desde que llegue hace…, ya ni me acuerdo. En las caras de las personas se puede ver si están a gusto, si son felices, si les duele algo y, sobre todo, si aunque les pase cualquier cosa ese día lo superan y pueden llegar en su trabajo a ser amables.

Había mucha gente porque era el último día para hacer las gestiones. Yo no sabía por qué tenía que ir con ella pero algo intuía. Mi cabeza bullía llena de miedos y notaba mi cuerpo torpe como si fuera un armario pesado. Tuve suerte, el señor que nos atendió me miró fijamente y sin explicarme su interés le planteó rápido la cuestión a mi señora. Así que salí de allí contratada y con seguridad social. Ella tenía tal cara que al preguntarle una amiga que se cruzó con ella:
-Y tú, Pitita, ¿qué vas a hacer con Jimena?
-Quedármela, -dijo con sequedad. 
Eso de tener que pagar algo más... Me sentí un mueble, pero me dio igual, ahora sí que de verdad podía estar segura de que tenía mis papeles en regla. Como dice el refrán: "a la tercera va la vencida" o algo así. Tanto querer echarnos de los países a los que llegamos para sobrevivir, y, si no fuera por nosotras, las personas mayores se morirían en un rincón porque muchos hijos no se responsabilizan de sus padres.


Un poco de tiempo después, en el supermercado al acercarme a la sección de verduras y frutas, vi a un hombre entrado en años pulsando casi desesperado los botones de la pantalla para pesar lo que llevaba. Se veía a leguas que no había comprado allí en su vida, me dio pena y me puse a su lado para ayudarle y mi sorpresa fue mayúscula. ¡Iba a poder hacer algo por el señor que tan amablemente convenció a mi señora para que me contratara! Sí, desde entonces y gracias a su ayuda vivo más relajada, incluso, más delgada. Tuve que recordarle de qué lo conocía y me miró asombrado, debe ser porque ahora estoy “estupenda”.

sábado, 11 de mayo de 2019

501. Un soplo de aire fresco


Siempre me pasa. Si las historias que leo (las últimas han sido de mujeres con una infancia infeliz y una vida atormentada), las siento tanto que me duelen, me apetece cambiar a otro tipo de lectura.
Es entonces cuando me paseo por las librerías como si fuera al parque. Suelo llevar en las notas del móvil un montón de títulos, pero no los miro, dejo que me llamen desde los estantes.
Y, caso curioso, así he leído libros de autores que no conocía, pero que me han sorprendido por su frescura y originalidad y, también, por su sentido del humor al tratar ciertos temas.
Como en el caso de David Foenkinos. Hace tiempo vi la película “La delicadeza” basada en su libro que también leí. Si no recuerdo mal, creo que él mismo escribió el guión y delicada es también su prosa, con pequeños detalles que dan color a lo escrito.
Hace como una semana descubrí en esos paseos “La biblioteca de los libros rechazados” del mismo autor y en la misma línea. Con una forma de contar amena y original.
Cuenta Foenkinos que el escritor Richard Brautigan en su libro The Abortion cuenta una historia en la que el protagonista trabaja en una biblioteca que acepta todos los libros rechazados y que un apasionado lector creó, para rendirle homenaje la “biblioteca de los libros rechazados”.
Así fue según la Wikipedia que “el concepto de The Abortion se puso en práctica en la forma de la Biblioteca Brautigan.
Si os gustan las bibliotecas, el mundo del libro y sus historias, además de la edición de las mismas… Este es un libro curioso en el que, según el autor, es el primer libro en el que ha tratado de expresar su amor por la literatura.

martes, 23 de abril de 2019

500. Sé que no visitaré Argentina


“¿Hace tanta falta visitar un país para conocerlo?” Se pregunta Nora mientras le da vueltas a la bola del mundo. La misma que se iluminó durante su infancia en su mesilla de noche mientras su padre le contaba un cuento.
“¿Me contaba un cuento cada noche?”, se pregunta ahora y los dedos de Nora se hunden en la bola y en ese país de ensueño. Pronuncia en voz alta la palabra Buenos Aires como si hubiera nacido allí, y, porque, además, le parece un nombre perfecto para una ciudad: limpia, relaja y esperanza. De hecho, como actriz que, pese a su timidez, le encanta ser; en un papel tuvo que hablar como una argentina y para pronunciar con esa cadencia, volvió a ver las películas de Adolfo Aristarain. “Un gustazo”, piensa.
Tiene a mano los Aguafuertes Patagónicos de Roberto Artl que imprimió de la Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes, en los que se incluye el texto sobre Patagones que leyó en una novela.
“Para escribir sobre Patagones hay que ponerse una mano sobre el corazón y entornar dulcemente los ojos. Y no tener miedo del ridículo al afirmar que es diez veces más bonito que Bahía Blanca… Silencio, paz, el viento eterno que pasa y lima el ladrillo y redondea los médanos y riza el agua.”
Busca los lugares que aparecen en la novela, esos que no verá nunca. Este escritor, que admiraban Piglia, Bolaño y que Cortázar consideraba su maestro, describe algunos paisajes con la ironía del periodista que fue, pero de forma tan poética que si los visitara, puede que se sintiera defraudada.
Porque Nora, que no ha salido apenas de su ciudad, es una soñadora como la autora de la novela que tiene entre sus libros, y le hubiera gustado, justo después de leerla, preguntarle si había visitado Argentina. Puede que no, que igual que ella busca lugares una y otra vez, hasta que los va conociendo. O que, como ella, lee a los mismos autores y más de una noche ha soñado que entra y sale de las librerías de Buenos Aires con varios libros bajo el brazo. Porque Nora sabe que no irá nunca a ese país soñado. 
Pero no le importa demasiado, porque cada noche sentada en su cama, abre su portátil y pasea por esos países o por otros antes imaginados, como hacía de pequeña con los cuentos. Ahora, además de soñar, puede contemplarlos. Y porque sabe cual es su “lugar en el mundo” el título de la primera película que vio de Adolfo Aristarain.
En ese “lugar”, el de Nora, siempre han tenido mucha importancia los libros.

FELIZ DÍA DEL LIBRO


sábado, 6 de abril de 2019

499. Como el globo...


Como el globo que escapa de las manos de un niño


Huye la verdad del signo.
Huye.

Escuchamos
atentamente.

Aguardamos 
con ojos tan abiertos.


José María Gómez Valero, de Lenguajes. Su blog: aquí

domingo, 17 de marzo de 2019

498. Guadalcanal


A Guadalcanal (municipio español de la Sierra Norte de la provincia de Sevilla. De 275 km² y casi 3000 habitantes), se puede ir por la monumental Carmona, o bien por la carretera antigua para contemplar dehesas y paisajes que en primavera lucen con esplendor. Atravesar estos pueblos blancos, como los de la sierra de Ronda aunque no con tanta altura, son una delicia para el visitante. No suelo fotografiar lo más turístico, pero sí lo que me gustó.





De las varias iglesias que hay en el pueblo, una de ellas la convirtieron en Mercado, pero también, sala de exposiciones, etc. No en todos los pueblos muestran el orgullo que sienten por sus mujeres, algo que me encantó, como la fachada de abajo del Ayuntamiento.


viernes, 8 de marzo de 2019

497. Esos detalles todavía...


Decía Mafalda en una de sus tiras y mirando una foto de su madre: ¿por qué me has ocultado que fuiste mi hermana? Muchas veces el espejo nos devuelve la imagen de quien nos trajo al mundo. Pero esto no ocurre solo en el parecido. Yo me sorprendo al hablar expresando alguna frase de mi madre sin darme cuenta. A veces, quien me escucha me la recuerda con un: esto lo decía tu madre. Las palabras, las frases, las aseveraciones que escuchamos, dependiendo del entorno de nuestra educación, las llevamos grabadas en la piel como arrugas en el cuerpo. Y estoy atenta, porque no quiero, ni siquiera en el día a día, que salgan expresiones machistas por mi boca.
Es tanto lo que nuestras madres han vivido y algunas sufrido en otras épocas, que se sorprenderían de lo que hemos cambiado. Pero no es bastante, porque algo de ese ambiente nos tocó, esas actitudes y hechos a los que todas nos rebelamos e intentamos cambiar, y que muchos retrógrados quieren que vuelvan para no perder sus privilegios.
Por suerte yo tuve una madre con carácter que no permitió ningún abuso, yo heredé su rebeldía, pero ninguna de nosotras podemos dejar de estar atentas al lenguaje que utilizamos, porque éste también va matando en vida.

Buscando una imagen de Mafalda en la red, me gustó la que encontré en este blog. Gracias a su autora.  

viernes, 22 de febrero de 2019

496. De sombra a sombra


Contra la fachada del atardecer:

sombras, fuego y silencio.
Ni siquiera silencio, sino su fuego,
la sombra
que arroja un respirar.

Para entrar en el silencio de este muro
debo dejarme atrás a mí mismo.


Paul Auster, de "Poesía completa", edición bilingüe, con traducción del inglés y prólogo por Jordi Doce

sábado, 9 de febrero de 2019

495. Humedades...

de casa cerrada un tiempo.


El gato desde fuera nos observa.


 En el huerto abandonado, olores.


 El pino, repleto de pájaros, canta nuestro encuentro.

domingo, 27 de enero de 2019

494. Lucía y Clarice


La razón de leer buenos libros es que inspiran. Si, por el contrario, el libro es malo, en vez de inspirar, atontan. Un buen libro nos hace incorporarnos por dentro, agita el pensamiento, etc.
Eso siempre me ha pasado con Clarice Lispector, pero no había leído nada de Lucía Berlín, excepto artículos y reseñas de su primer volumen de cuentos “Manual para mujeres de la limpieza”.
Estos dos libros de la foto son regalos de las navidades pasadas y la curiosidad de leer por primera vez a esta autora hizo que me decidiera por “Una noche en el paraíso”.
No es lo mismo leer un libro de relatos que una novela, ésta mantiene más la tensión todo el tiempo, engancha. Leer cuentos sin prisa y sin pausa, solo me ha pasado con algunos autores, sobre todos con: Kurt Vonnegur, Clarice Lispector, J. D. Salinger, Lorrie Moore, Quim Monzó y algunos más.
Y ahora Lucía Berlín. Esta mujer escribía con los cinco sentidos en marcha. Cuando terminé de leer sus cuentos me sentía borracha de belleza, de ritmo, de colorido, de verdad y de libertad, porque eso se respira en ellos; su verdad, su forma de ser y de encarar la vida. Como en el cuento “Mi vida es un libro abierto”. Su estilo, su forma de terminar los párrafos, de enfocar los puntos de vista. Los detalles ¡tan importantes en un texto! Y el humor hasta en las situaciones duras que relata.
Ahora leo a Clarice y todos sus cuentos reunidos. Es como leer a alguien de la familia, de mi familia de autoras y autores favoritos. He comenzado el libro por un cuento “Felicidad clandestina” para comprobar si me sigue envolviendo la misma sensación de hace tiempo, al leerlo por primera vez. Y sí, la admiración y asombro permanecen. Y, también, el recuerdo del deseo y disfrute de lecturas en una época que no podía comprarme libros; los sacaba de la biblioteca, incluso, (en navidad compraba uno simulando que era para regalo y luego lo cambiaba con la excusa de que ya lo tenía…). Pero no se lo digáis a nadie.

martes, 15 de enero de 2019

493. Escribir da frío

Las manos heladas. No me acostumbro a teclear con los guantes aunque tengan los dedos descubiertos. Me acuerdo de esta foto, en la sierra de Huelva abrigan a los árboles. Me levanto y dejo el escrito. Voy a comprar al supermercado. Después de días de sol hoy se oculta, corre un vientecillo frío como de nieve, aunque aquí no cuaja nunca.
Una señora mayor encorvada y envuelta en un abrigo de pieles que le llega casi a los tobillos, cruza el semáforo lentamente. No es un abrigo cualquiera, algo que no cuadra con las temperaturas del sur, y, parece pesarle como si llevara encima todo el peso de su privilegiada clase. Pienso que igual va sola porque se sacrifica ella misma por no admitir a ninguna persona de otro país que la cuide. Quizás tema que, con algún desplante suyo por no llamar desprecio, pueda perder su precioso abrigo.

¿Podremos confiar en que algún día se enderece todo?

viernes, 4 de enero de 2019

492. Empieza


Mirar el agua,
asistir cada día,
vivir con la sed.