Así he titulado estas dos entradas porque, a mi entender, es ahí, en esas
discontinuidades, donde podemos encontrar estas
conexiones silenciosas de las que John Berger nos habla en este libro, "
Otra manera de contar", en el que explica su intención de narrar con la fotografía. Unas maravillosas fotografías arrancadas de la vida, para contarnos eso mismo: la vida. Y lo hace de manera conjunta con
Jean Mohr que escribe sobre sus experiencias como fotógrafo.
Algo de lo que
John Berger dice sobre la forma narrativa fotográfica:
“
Una fotografía detiene el flujo del tiempo en que una vez existió el suceso fotografiado. Todas
las fotografías son del pasado, no obstante, en ellas, un instante del pasado queda detenido de tal modo que, a diferencia de un pasado vivido, no puede nunca conducir al presente”.
“
Una fotografía aísla las apariencias de un instante inconexo”.
“
Todas las fotografías son ambiguas; han sido arrancadas de una continuidad. Si el evento es un suceso público, esa continuidad es historia; si es personal, la continuidad, que ha sido rota, es historia de una vida.
Incluso un simple paisaje rompe una continuidad: la de la luz y el tiempo”.
“Por lo general, la ambigüedad de las fotografías expuestas al público queda oculta detrás de las palabras que explican, más o menos sinceramente, los sucesos fotografiados”.
“Los reportajes gráficos son el testimonio de un testigo presencial más que de una historia, y es por eso, por lo que tienen que depender de las palabras para poder superar la inevitable ambigüedad de las imágenes”.
“Si existe una forma narrativa intrínseca a la fotografía fija, esta buscará lo que sucedió, como ocurre con los recuerdos o reflexiones. Una fotografía es más simple que la mayoría de nuestros recuerdos, su campo es más limitado”.
“Supongamos que se pretende narrar con la fotografía ordenando un grupo de ellas elegidas entre los millones que existen, de modo que ese orden hable de experiencia.
Las
discontinuidades dentro de ese orden serán mucho más evidentes que las que se dan en una historia verbal. Por lo que parece, no habrá historia.
Y sin embargo,
contar una historia, implica precisamente un acuerdo sobre las discontinuidades que permite al oyente “entrar en la narración” y formar parte de su
sujeto pensante. La relación esencial entre narrador, oyente (espectador) y protagonista(s) todavía es posible con una ordenación de las fotografías. Solamente son sus roles –cree J. Berger-, relacionados entre sí, los que se modifican, no su relación esencial.
El espectador (oyente) se vuelve más activo porque las suposiciones subyacentes a las discontinuidades (lo no hablado reduce la distancia entre ellas) tienen un mayor alcance.
El narrador se hace menos presente, menos insistente, porque ya no emplea palabras propias; habla a través de citas (la fotografía cita más que traduce), a través de la elección y colocación de las fotografías.
La/el protagonista se vuelve omnipresente y por tanto invisible; su presencia se pone de manifiesto en cada nueva relación. Podría decirse que queda definida por el modo como
lleva puesto el mundo, ese mundo sobre el que las fotografías proporcionan información.
Si a pesar de estos cambios de rol, todavía queda la unión, la amalgama del
sujeto pensante, aún se puede hablar de una forma narrativa.
Toda forma narrativa sitúa al
sujeto pensante de modo diferente.
La forma épica le coloca frente a la suerte, al destino. La forma narrativa fotográfica le coloca frente a la tarea de la memoria: la tarea de reanudar continuamente una vida vivida en el mundo.