miércoles, 9 de enero de 2008

13. Las discontinuidades I

Volvamos al cuento tradicional, nos dice John Berger en este libro para introducirnos en la forma narrativa fotográfica.

El perro salió del bosque es una declaración simple. Cuando esa frase continúa con El hombre dejó la puerta abierta, la posibilidad de una narración ha comenzado. Si el tiempo de la segunda frase se convierte en El hombre había dejado la puerta abierta, la posibilidad se vuelve casi una promesa. Toda narración propone un acuerdo entre las relaciones, no declaradas, pero asumidas, existentes entre los sucesos.

Ninguna historia es como un vehículo de ruedas cuyo contacto con la carretera es continuo. Las historias caminan, como los animales o los hombres. Y sus pasos no se hallan sólo entre los sucesos narrados, sino entre cada frase, algunas veces cada palabra. Cada paso es una zancada sobre algo no dicho.

Todas las historias son discontinuas y están basadas en un acuerdo tácito sobre lo que no se dice, sobre lo que une las discontinuidades. Entonces surge la pregunta: ¿Quién llega a ese acuerdo con quién?. Uno se siente tentado a contestar: el narrador y el oyente. Sin embargo, ni el narrador ni el oyente se encuentran en el centro de la historia: están en su periferia. Aquellos de los que habla la historia están en el centro. Es entre sus actos y atributos y reacciones donde va a estableciéndose la conexión no declarada.

La historia confiere autoridad a su personajes, a la experiencia anterior del oyente y a las palabras del narrador. Y es la autoridad de todo ello unido lo que hace que la acción de la historia –lo que sucede en ella- sea merecedora de la acción de contarla y viceversa.

Las discontinuidades de la historia y el tácito acuerdo subyacente a ellas unen al narrador, al oyente y a los protagonistas en una amalgama. Una amalgama a la que llamaría sujeto pensante de la historia.

Una historia no es simplemente un ejercicio de empatía. Tampoco es un lugar de encuentro para los protagonistas, el oyente y el narrador. Contar un cuento es un proceso único que funde esas tres categorías en una. Y, finalmente, lo que las funde, dentro del proceso, son las discontinuidades, las conexiones silenciosas, acordadas en común.

6 comentarios:

Pixelwoman dijo...

Qué libro más interesante has encontrado Isabel, y cuánta razón tiene. Cada palabra y de cada frase puede abrir -o cerrar- una puerta.

Ser consciente de eso (y de que el lector está también ahí, formando parte de esa mágica ecuación)es una de las cosas más difíciles de la escritura.

Por cierto, aquí dice que "Tu blog no permite comentarios anónimos" , pero el de Guillermo sí lo permite. Debe haber alguna opción en el menú de tu blog que permita los comentarios anónimos, si quieres activarla.

¡Un abrazo!

kasi_siempre dijo...

Pienso que, en efecto, debe darse una cierta complicidad entre el lector, el escritor y la historia en si misma, para que un relato emocione y llegue a buen puerto. No sé si es esto lo que quiere decir este señor.
Creo que cuando falla alguna de esas variantes, bien sea que el lector no esté receptivo, ya sea que el escritor tenga buenas ideas pero las exprese incorrecta o inconexamente, o finalmente, que la historia -aunque esté bien contada- no enganche, estamos ante un cortocircuito en esa corriente comunicativa que nace en el emisor, fluye a través de la vía elegida para su difusión, y muere en el receptor.

Un besopensante, Isa.

Isabel dijo...

Sí que es interesante, me alegro que os guste y es verdad que este señor, J. Berger, nos hace pensar y reflexionar y mirar de forma diferente. Las fotografías son muy interesante.
Ya he quitado de la configuración el impedimento que había para opinar, espero que ahora sea más facil. Vuestras opiniones me animan para seguir escribiendo. Besos.

NáN dijo...

Hola Isabel, entro un momento solo para decirte que quedé impresionado con tu comentario.

Volveré, con algo más de tiempo, este fin de semana, porque todo lo que he visto aquí, aunque por encima, me ha interesado mucho.

Enormes gracias.

kasi_siempre dijo...

Isabel, respondo a tus Discontinuidades II en este apartado, porque en el otro no encuentro la opción de comment.
Totalmente de acuerdo en esa reflexión que hace el autor -mejor sabrá él, claro-. Creo que la fotografía refleja una escena, pero además una escena congelada. Sería la captación de un suceso en una unidad de espacio y en una unidad de tiempo, ambas muy breves, en realidad, apenas un parpadeo. Por eso es difícil desentrañar lo que hay detrás de una fotografía, pues una simple imagen da lugar a montones de historias con montones de finales abiertos.
Indudablemente quién está detrás de la cámara tiene la voluntad -u obligación, si está trabajando- de comunicar. Dispone de una buena herramienta, tan explícita e impactante como es la visual (una imagen se define por si sola, no hacen falta comentarios). Pero redundando en lo que dice el autor -no sé si irán por ahí los tiros-, también es la herramienta más ambigua a la hora de contar algo cuando no dispone de ningún otro apoyo (texto, sonido, secuencia de imágenes...)
Ahora que lo pienso, puede que sea ese misterio lo que hace que me haya dejado atrapar por la fotografía. Ahora me interesa mucho más que antes.

Como siempre, tus entradas nos hacen reflexionar, ya lo ves (actualizas poco, pero bien)

Un beso, Isabel.

PD: Hablando de imágenes, te presento mi fotolog, por si un día quieres echarle un ojo: http://www.fotolog.com/samar_kanda

José Luis Ríos dijo...

Hola, Isabel. Conocia al Berger de Puerca tierra, Una vez en Europa y Lila y Flag, pero, aunque algo había oído, apenas conocía al Berger fotógrafo y crítico de arte. Me parece que este libro es muy interesante.

Saludos