Frágil
La luz que cae sobre algo
para exaltar ese algo
que recibe la luz
y era nada, o poca cosa,
en la sombra, es un poema
y en segundos deja de serlo.
Yolanda Pantin, “Lo que hace el tiempo”
El hilo que conduce al costurero te llevará al lunes 10 de Septiembre de 2007.
Frágil
La luz que cae sobre algo
para exaltar ese algo
que recibe la luz
y era nada, o poca cosa,
en la sombra, es un poema
y en segundos deja de serlo.
Yolanda Pantin, “Lo que hace el tiempo”
Todo con mayúscula.
En el sur y en la llanura del interior no se ha podido tomar sin riesgo de quemarnos.
Pero ahí están ellas, las libélulas.
Ni porque me acerque a tender la ropa se van, me acompañan y puedo apreciar su belleza.
Les encanta subirse a la horqueta que formamos con varias cañas secas para elevar el cordel.
Más: https://es.wikipedia.org/wiki/Anisoptera
Una mano y en ella tu anillo.
Manos pequeñas…, y recuerdas.
“Ven, súbete a la silla”, te pedía siempre que volvías de la
calle sudando y sofocada de jugar.
“Primero el jabón” (el verde que aún se encuentra en
alguna que otra tienda de pueblo), y tú lava que te lavas esas
pequeñas manos debajo del chorro de agua del fregadero.
“Ahora los pulsos” y te cruzaba los puños para que el agua
los cubriera y refrescara.
Aún lo haces, pero ahora cuidas ese oro líquido que es el agua.
Una mirada. Un gesto. Una palabra suelta. Una frase que sale volando sin poder retenerla y ahí estás tú, guisando, pero no como siempre. Hoy es un día especial. En la habitación hay un cuerpo rodeado por cuatro cirios, el de un hombre mayor. Vendrán familiares, amigos y tú te imaginas un entierro como el de las películas donde todos comen algo para reponerse. Y habrá gestos de todos los colores y conversaciones también.
Al darle la vuelta a los trozos de pollo para que se doren escuchas a una hija que ha venido para echarte una mano. Está desayunando en la cocina, casi a tu lado. Entre bocado y bocado susurra una y otra vez “menos mal que ella me cuidó”. Sonríe y al notar tu asombro te dice: “está bien que se vayan los que nos hacen daño”.
Y tú comprendes el porqué ese hombre tan feo y tan muerto te daba tanto miedo.
Y te alegras, también, por fin va apareciendo la claridad que deja atrás años de negrura.
Imagina. Pisas y suena una música elegida por ti. O te sientas de noche para asistir a un concierto en el jardín de un Palacio de Sevilla. Contemplas y escuchas un recorrido por todas las músicas del mundo; incluidas hasta canciones del lugar donde has vivido y que te han acompañado en tu niñez, como las que tu madre o padre cantaban durante las faenas. Es todo un espectáculo de imágenes y sonidos de remezcla musical que se van desplegando en la gran pantalla de un escenario para, en el mapa del mundo extendido, poder comprobar de dónde vienen esas músicas tan diversas.
Es el proyecto que crearon Rubén Alonso y Esperanza Moreno hace años y que ha recorrido parte de ese mundo que muestran y, también, diversificado como talleres educativos con otros colaboradores como Fran Torres en colegios etc. Ahora están en el ecuador de dos semanas de talleres para niños y familias en Caixa Forum.
Ha comenzado el verano, una estación que a Sara le gusta. Hace viento y sus largos pendientes bailan, le hacen cosquillas y eso también le gusta. Es su primer día de vacaciones y contempla su ciudad como si la viera por primera vez.
Anuncian una ola de calor y, aunque ella no presta oídos al miedo; como viene de un largo paseo, se cobija en la sombra de un árbol a esperar que el semáforo se ponga en verde.
Mira hacia arriba y se sorprende. Se pregunta qué árbol es el que luce unos zarcillos, como decía su abuela, tan hermosos.
Y pronuncia en voz alta el principio de la égloga de Stefan Hertmans.
Imagínate: ser un árbol
Pues si tengo que elegir, yo quiero ser este.
Se despertó y no sabía dónde se encontraba. El día
anterior había conducido muchas horas para ver a sus
amigos, compartir vivencias y actualidad. Mientras ellos
recogían los restos de la cena se tumbó en la hamaca y
el frescor de la noche hizo el resto. Clareaba el día y
en ese no saber ni la hora, ni en qué lugar se había
despertado vio la lámpara cuya luz le molestaba y se
incorporó medio dormido. Buscó el interruptor de perilla
como recordaba. Incluso introdujo la mano entre las
hojas de la parra y la dama de noche.
Nada, qué había sido aquello, se preguntó.
¿Una ilusión o más bien la desilusión de no hallar lo que
buscaba? Recordó las conversaciones y, en especial, el
perfume de las flores como aderezo expandiendo su
olor en la noche.
¿Ilusiones? Lo más importante era no perderlas, aunque
el trasiego de la vida las apagara, de momento.
Cada año por primavera repito como un mantra
este nombre:
J, A, C, A, R, A, N, D, A
Me gusta pronunciarlo con acento o sin él.
Si miro al cielo ahí están sus racimos abiertos y
el esplendor de sus flores.
Si miro al suelo,
cuando sus flores se desprenden del árbol,
se unen en una alfombra que da pena pisar.
Ojalá llueva para que siga su ciclo
porque cada año son todo un regalo de color.
Más: https://es.wikipedia.org/wiki/Jacaranda_mimosifolia
Este libro es una pequeña joya, es para detenerse en todas las puntadas sin hilo que da su autora; se adelanta a su tiempo, expresa sabiamente todo lo que podemos sentir en cualquier época. Su prosa es tan rica, poética y sugerente que es para leerlo más de una vez porque, eso sí, hay que prestar atención.
El blanco Faro, lejano, austero, se hallaba en medio; a la derecha, hasta donde alcanzaba la mirada, desvaídas e incesante, con delicados pliegues, se veían las dunas de verde arena, con sus flores silvestres sobrevolándolas, que parecían correr perpetuamente hacia algún deshabitado país lunar.
Esta era la vista que su marido amaba, dijo, deteniéndose, mientras sus ojos se volvían aún más grises.
En estas "Conversaciones sobre la escritura" de 101 páginas se condensa la sabiduría de su autora en tres apartados: narrativa, poesía y ensayo.
En el primero dice Ursula:
Yo oigo lo que escribo.
Y en esta cita de una conferencia suya nos explica:
Por debajo de la memoria y la experiencia, por debajo de la imaginación y la invención, por debajo de las palabras hay ritmos ante los que la memoria, la imaginación y las palabras se ponen en marcha; la tarea de quien escribe es ahondar lo suficiente para sentir ese ritmo y dejar que ponga en marcha la memoria y la imaginación para que estas encuentren las palabras.
Y a continuación nos cuenta:
Eso lo aprendí de Virginia Woolf, que lo dice con unas palabras bellísimas en una carta a su amiga Vita, en la que explica que el estilo es ritmo, “la onda en la mente”, la onda, el ritmo están antes que las palabras y hacen que las palabras encajen.
Si todos los colores son el blanco,
cómo decir el gesto, la ventana
o es nube encendida
sobre el río que es luz
que no se nombra y arde
y pasa y es olvido.
Ángel Campos Pámpano,
La ciudad blanca (1988)
La abuela salió a buscar el sol. Iba con cuidado por
el empedrado cuando se paró en seco sorprendida:
-Ay, hija, no la pisé de milagro, de no haber sido por esa
sombra que me levantaba las orejas,
como advirtiéndome…
Ejercicios
Un poema
como una gran batalla
me arroja en esta arena
sin más enemigo que yo
yo
y el gran aire de las palabras.
Blanca Valera, Valses,
México, 2012