Estábamos mi madre, de nombre Virginia, haciendo la comida y yo dando vueltas en la cocina enredada con la pronunciación del inglés por un examen. No conseguía pronunciar bien “bisabuela” cuando la mía, aprovechando que estábamos distraídas, pasó ligera hacia fuera diciendo: voy a ver mi rosal.
Salí detrás de ella por si se caía. La vi delante del arriate con los brazos en jarra y quejándose porque su rosal estaba casi seco. Por si fuera poco, al mirar hacia arriba del muro vio el Parthenocissus (planta trepadora que en algunas especies se llama enredadera de Virginia) quemado por el sol.
Mi bisabuela decía una y otra vez: esta sí que está “achicharrá”.
Un ruido fuerte en el cielo nos hizo a las dos mirar hacia arriba. ¡Mira, un parapente!, le dije y se está acercando…, pero mi abuela no miraba, corría con las manos en la cabeza hacia dentro gritando ¡Fuego, fuegooo!

