
Esta mirada es la de la directora libanesa Nadine Labaki y su primer filme,
Caramel, en tono de tragicomedia, es la historia de cinco mujeres en torno a un salón de belleza de Beirut. El título se refiere al método más utilizado en su país para depilarse, una mezcla de agua, zumo de limón y azúcar que, después de hervir y convertirse en caramelo, se deja enfriar en mesas de mármol antes de aplicarla en las clientas.
"He crecido con todo ese ritual: mi madre, sus amigas, mis primas, las vecinas... Las recuerdo en la cocina de casa preparando la pasta, y mi hermana pequeña y yo espiándolas de niñas, deseando ser lo suficientemente mayores como para iniciarnos en aquellas reuniones. Por supuesto también están los métodos modernos: cera, láser... Pero gana en popularidad la depilación con caramelo. Por eso el aroma de un salón de belleza tradicional libanés es dulzón. Relajante, reconfortante e hipnotizador”. Visto así podría parecer otro filme de mujeres o hecho para mujeres, sin embargo, no retrata un universo cerrado. Muy al contrario. Muestra cómo se puede hacer buen cine con poco presupuesto, con actrices debutantes, y hablarnos con naturalidad, casi sin decir, sobre: solidaridad, homosexualidad, seducción, deseo, generosidad, sensualidad, infidelidad, senilidad, tradición y todo regado con un fino sentido del humor.
La misma Labaki dirige, actúa y contrata intérpretes neófitas. Muchos riesgos para una primera película.
"Desde cría he soñado con crear mundos que no tuvieran nada que ver con mi propia realidad, mi rutina vital. Rodar una película que no hable de la guerra ha sido intencionado, quería mostrar una realidad de Líbano que no se conoce tanto. Un salón de belleza es una isla de libertad. Esos locales me fascinan tanto a mí como a los hombres, que desean curiosear tras sus puertas: les hacen imaginar cosas. Para las mujeres, en cambio, son un sitio de esperanza. Salen de allí con mucha más confianza en sí mismas, más bellas. Puede parecer superficial, pero es muy importante”. Hay ciudades viejas, pueblos viejos, casas viejas que parecen que van a caerse como las letras de algunos rótulos. Y es ahí, dentro de ese decorado caduco, donde la vida late con más fuerza, donde las historias están mejor contadas como ocurre en Caramel: sensual, sincera y sabia.
Y luego está la banda sonora, otro personaje más, -
me enamoré tanto de la partitura, que acabé casada con su creador Khaled Mouzanar- dice Nadine con esa
mirada...