martes, 10 de enero de 2017

430. ¿De qué eres capaz cuando te enfadas?

Ahí estaba Viola en la cocina: su territorio. Era la recta final de la navidad y los pies le dolían. En el asiento de una silla alguien había olvidado un libro, El Aleph. Al cogerlo las páginas se abrieron en el cuento que da nombre al título. “Nunca he leído a Borges”, pensó y se sentó a leer de espalda a lo que hervía en el fuego. Al poco rato en su cara apareció una sonrisa, parecía disfrutar. En un momento de la lectura su ojos se encogieron como escudriñando todo ese inconcebible mundo que el incrédulo admirador de Beatriz Viterbo contemplaba en esa pequeña esfera tornasolada de casi intolerable fulgor...

Justo entonces se hizo un silencio y Viola tuvo que volver a la realidad: la lavadora repleta de ropa había terminado el último centrifugado. Puso el punto de lectura encontrado en su página y se guardó el libro en el bolsillo del delantal. Si fuera la fecha del cumpleaños de Beatriz, treinta de abril, sería distinto porque igual daría esperar. Pero hacía un frío que pelaba y si no aprovechaba las pocas horas de sol tendría que lavar todo de nuevo para que la ropa no oliera mal. O desplegar un tendedero en la casa que alguien sin querer lo tumbaría en la hora de las comidas en aquella casa pequeña para el invierno.
Optó por lo primero y con la palangana cargada subió a la azotea, allí el poco aire que circulaba unido al sol que ya calentaba ayudaría a secar todo. Tender era una tarea que hacía con agrado, y más ahora, que aún resonaban en su cabeza todas las visiones que, desde todos los puntos de vista, se desprendían de ese objeto diminuto de apenas tres centímetros: el aleph.
Contempló satisfecha toda la colada tendida, sólo Viola sabía hacerlo combinando la ropa como si cada persona la llevara puesta. Justo entonces un pequeño ruido la avisó de su personal desastre: si se desprendía del todo el cordel de la barra que lo sujetaba la ropa caería al suelo. Intentó estirarlo y atarlo de nuevo pero el peso que soportaba podía más que su fuerza. Llamó y llamó para que la ayudaran. Nada, ni caso.
Cuando notó que la garganta le molestaba de gritar y viendo que no podía impedir que la ropa se ensuciara la dejó caer. Indignada la soltó de sus alfileres y la fue lanzando al aire. Del esfuerzo le ardía la cara y la introdujo en un barreño de agua que se calentaba al sol. Al incorporarse contempló su particular esfera: “vi mi cara, vi mi vida desperdiciada, sentí vértigo, pero al mirarme de nuevo, vi..., vi en mi aleph el cielo”.


De la cocina salía un olorcillo a tostado. Ante la atenta mirada de los pocos que acudieron cogió una mecedora, la sacó al sol y siguió leyendo.

16 comentarios:

ethan dijo...

De lo cotidiano a lo profundo. Enhorabuena. Besos

Loam dijo...

¡Buenísimo! Ese "olorcillo a tostado" subraya ingeniosamente la acertada decisión de Viola, decisión que todos y todas deberíamos secundar.

Un abrazo.

Elvira dijo...

Muy bueno, sí! Besos

Myriam dijo...

Todo un homenaje a Borges, del que él
estaría muy contento si te leyera.

Quizás para la protagonista tuya, es hora de
implementar algunos cambios en su vida ¿no?

Besotes, Isabel.

fiorella dijo...

Veo que hay mucho y bueno para leer en tu blog. Andaré por acá. Un beso

Verónica St Pinar dijo...

Hermoso relato,Isabel, interactuando con ese cuento genial de Borges. Recién llego a tu blog y aquí me quedo. Gracias, saludos!

Isabel dijo...

ethan, esa era mi intención al escribir el relato. Gracias, me anima que te guste. Un abrazo.

Isabel dijo...

Loam, cuánto me alegro, porque esos detalles definen tantas cosas..., como en la vida, ¿verdad? Otro abrazo de vuelta para ti.

Isabel dijo...

Elvira, me alegra te guste. Gracias y abrazos.

Isabel dijo...

Myriam, Borges, el maestro, es una utopía pero te agradezco tus palabras.
Y sí, tienes razón, la idea me surgió al escuchar tantas opiniones de mujeres para las que la navidad representa sólo más trabajo. Es un homenaje a ellas y a sus cuidados, sin ellos no sé que harían muchos.
Abrazos.

Isabel dijo...

fiorella, agradezco tu visita, siempre serás bienvenida. Más besos para ti.

Isabel dijo...

Verónica, muchas gracias, bienvenida y te puedes quedar el tiempo que quieras. Un abrazo.

Ernesto. dijo...

Buenos días, Isabel.

Un relato entretenido e interesante.

Abrazos.

Isabel dijo...

Hola, Ernesto, me alegra tu opinión. Un abrazo.

Anónimo dijo...

Ahhh, qué bonito¡¡ Eres una maestra isa. Besos de UVA.

Isabel dijo...

Uva, me alegra un montón que te guste. Abracitos.