¿Qué manías puede tener un escritor
que no aspire a la gloria al escribir? Porque los que aspiran a ella,
cada vez son más y éstas aumentan:
Que si tengo que tener mi taza favorita
cerca con té, café..., nadie dice alcohol, con lo que ayudó a
muchos...
O un lápiz de cada color para
corregir.
O más bien esperar que la luz del
amanecer ilumine la página.
Una foto, un póster, una pila de
libros favoritos alrededor del portátil, algo que abrigue de la
soledad y el frío blanco de la página.
¿Por qué no le preguntan a un
dentista que manía tiene al sacar una muela?
Extraer, de eso se trata y seguro hay
quien se lo piensa, le cuesta y se inventa algo o todo, como nos
inventamos el vivir.
Quizás escribir de pie como hace
Hemingway en la peli Hemingway y Gellhorn con la guerra de
fondo sea la clave para escribir bien, porque sentados...
Mientras escribo estoy pensando cuál
podría ser la mía. Ya está, voy a pedir que alguien me ayude a
hacer el pino. Quiero que me baje la sangre a la cabeza porque me
quedo sin ella de leer lo que leo.
No quiero dejar pasar a un escritor que
sí alcanzó la gloria en muchos lectores. No sé que manías tendría
Eduardo Galeano, pero me da igual, porque nos dejó mensajes
para que pensáramos en lo que es realmente importante.
Por eso, y por recordarlo aquí, quiero
dejaros algo de su libro Espejos, una historia casi universal,
ahora que se aproximan las elecciones:
Peligro
en el camino
Alrededores
de Sevilla, invierno de 1936: se acercan las elecciones españolas.
Anda
un señor recorriendo sus tierras, cuando un andrajoso se le cruza en
el camino.
Sin
bajarse del caballo, el señor lo llama y le pone en la mano una
moneda y una lista electoral.
El
hombre deja caer las dos, la moneda y la lista, y dándole la espalda
dice.
-En
mi hambre, mando yo.
Gracias, Eduardo y descansa en paz.
El enlace lo he tomado de este blog, que también tiene dos vídeos sobre Galeano:
http://zambrone.blogspot.com.es/2015/04/murio-demasiado-joven-eduardo-galeano.html