lunes, 15 de julio de 2019

506. Brujas del tren diabólico

Desde la primavera hasta final de verano todos los pueblos se engalanan todavía para recibir su feria. A mí me encantaba montarme en el tren diabólico en brazos de mi padre y que él intentara quitarle la escoba a las brujas, pero desde que me llevaron a vivir a la ciudad y vi su tremenda calle del infierno, las temí. Era bien pequeña cuando allí conocí dos brujas de verdad o así las creía yo.
Una era nuestra vecina. Una mujer mayor vestida de negro con faldas largas y la nariz como si se la hubieran afilado con un cuchillo poco a poco. Era lo que asomaba primero por la rendija de su puerta cuando escuchaba abrir la nuestra. A veces, simulaba que barría el rellano porque sabía la hora en que yo salía para ir al colegio, y al verla corría escalera abajo sin esperar el ascensor. Creía que si me quedaba a saludarla como me decía mi madre, me subiría a la escoba y seguro que, por su forma de mirarme, me tiraría de lo más alto de la azotea.
La otra era mi profesora. Era mayor, pelo blanco bien peinado a ondas, bien arreglada y muy estirada ella, sobre todo, al hablarnos. Con dos manías que yo conociera: una a la vista, en vez de echarse en la cara una crema hidratante y normalita, se ponía aceite y cuando te besaba… uf, no quiero ni recordarlo. En mi primer día de cole me estampó un beso en la cara y me sentó de golpe en la primera banca, dos cosas que no me gustaron.
El orden era la segunda manía. Una vez estaba tan enfadada porque no encontraba algo, que dijo a voz en grito: ¿A quién se le ha ocurrido abrirme los cojones? Por los cajones, claro. Fue horrible tenerla tan cerca y, más tarde, un disfrute que me cambiaran de colegio.
Ahora no las llamaría brujas, calificativo como otros que nos han inculcado a través de generaciones por, incluso, muchas madres influenciadas. Ese calificativo y sus representaciones vino muy bien desde los siglos XVI y XVII para quemar en la hoguera a muchas mujeres que estorbaban, como dice Silvia Federici en su ensayo “Caliban y la bruja”. Según Federici, “La caza de brujas sirvió para perseguir a una serie de creencias y prácticas populares. Fue un arma para derrotar la resistencia a la reestructuración social y económica”, una historia que la autora conecta con nuestro presente en distintas partes del planeta.

14 comentarios:

ÍndigoHorizonte dijo...

En mi caso, la bruja era la “ti Ramona” que por la Sierra de la Culebra protegía a sus ovejas del lobo porque, según se decía en el pueblo, por la noche su alma se metía en las ovejas y por eso eran las únicas ovejas protegidas... Vestía de negro. Era mayor y muy sabia.

Abrazo, Isabel, y feliz verano.

Teresa dijo...

Me ha gustado tu relato. Un beso.

Ángeles dijo...

Un relato muy interesante y didáctico, dices bien, la quema de brujas fue un atropello contra aquellas mujeres que sabían curar enfermedades con las hierbas que recogían, o ayudaban con su sabiduría a paliar el dolor. Una vez dijeron en una congerencia a la que axistí, que el solo hecho de tener dos tijeras en casa, ya eras una bruja y lo malo era que no sabían porque las quemaban...DOS TIJERAS , Dios si hoy vienen por mi casa, encuentran 5 ó 6 tijeras... ¿y por eso se es briuja? hoy nos quemarían a todas las mujeres por tener tijeras.

Un abrazo con cariño.

Myriam dijo...

¡Cuántas mujeres de avanzada se quemaron
para mantener la estructura patriarcal de las sociedades!

Besos, Isabel

Ladelmedio dijo...

Cuántos miedos infantiles estaban condicionados a elementos culturales -machistas en muchas ocasiones- como el que cuentas de las brujas.
Ahora sabemos que las brujas eran mujeres valientes, arriesgadas e inteligentes.

Empatizo con esa niña asustada, sensitiva y sensible de tu relato.
Gracias por la oportunidad de hacernos reflexionar sobre esta sociedad machista y patriarcal.

Un abrazo!

Isabel dijo...

Indigo, qué gusto verte por aquí. Gracias por completar el post.
Qué tengas un feliz y tranquilo verano.
Abrazos.

Isabel dijo...

Teresa, y a mí me gusta que te guste.
Abrazos.

Isabel dijo...

Ángeles, bienvenida. Curioso lo que me cuentas de las dos tijeras. En Cataluña visité un museo dedicado a estas mujeres que recogían hierbas para hacer remedios, me encantó: http://www.trementinaires.org/

Gracias por tu opinión y abrazos.

Isabel dijo...

Myriam, y lo malo es que no cesa la violencia por una u otra causa.
Más besos para ti. Buen agosto.

Isabel dijo...

Ladelmedio, qué alegría leerte, como en tu blog que me encanta. De acuerdo contigo. Menos mal que los niños tienen otra versión ahora por sus madres, porque antes ni siquiera ellas estaban informadas para quitarnos el miedo a todo.
Gracias por tu empatía.
Muchos besos.

Anónimo dijo...

Ohhh, el tren de la bruja. Me gusta lo que cuentas.
Para mí tiene un recuerdo malísimo. No hubo bruja, fue brujo. Otro atropello que no quiero ni recordar.

De todos modos, ¡vivan las ferias de los pueblos! Si hacen felices a sus asistentes...
Besos de UVA.

Isabel dijo...

Uva, ¡un brujo! La verdad es que por entonces no me fijaba en el género.
Siento habértelo recordado.
Besitos.

emege-e dijo...

El terror llegaba a las ferias "El tren de la bruja", pero a pesar de sentir ese miedo hacia cola para comprar el tiket y dar ese paseo tenebroso y a la vez temerosa de recibir el golpe de la escoba. Creo que la adrenalina que contenía mi menudo cuerpo no me alteraba mucho. La malicia de otras brujas que disimuladamente se transformaban en señoras de bien, sólo con la mirada ya me temblaban las piernas.

A estas alturas, mi organismo no produce ni una gota, me siento mucho mejor.

Besos. Ave Peregrina

Isabel dijo...

emege, ¿miedo tú? Yo creo que desde siempre has sido valiente y le has plantado cara a todo.
Besazo.