viernes, 22 de febrero de 2013

290. Yo también me caí por una escalera

Al ver las imágenes de Edward Gorey en Google, ésta que corresponde a la A de su abecedario macabro me recodó mi caída...

Yo no me caí por una escalera como esta, que parece la de “Lo que el viento se llevó”, no, la mía era la de mi abuela, que vivía en una casa de vecinos como la de un cuento. 
Desde la planta alta, se divisaba el río del pueblo, y eso fue lo que originó mi caída. Los escalones estaban pintados de rojo y con mucha pendiente. Ni sé los niños que habrán rodado por ella, porque mi abuela, además, tenía una “miguilla”, así era como llamaban a las antiguas guarderías en el pueblo, pero ninguna tragedia oscura y tenebrosa ocurrió, porque los peques son de plastilina y no se hacen daño.Yo tampoco, y no creáis que fue una experiencia dolorosa, al revés, los conflictos en los cuentos también pueden ser agradables. 
Yo me caí por mirar y mirar el río y fue en principio suave, al ritmo de sus aguas porque era verano y venía más tranquilo, y a medida que bajaba en mi caída, rodaba, pero era una sensación, no de vértigo, sino muy agradable. Iba haciendo no eses, sino ochos y, así, dando vueltas como a golpecitos alcancé el suelo, me puse en pie de un salto y me sacudí la bata. Ningún morado, estaba gordita. Desde entonces me gustan las alturas.

22 comentarios:

Aquí me quedaré... dijo...

Así da gusto una caida.


Un abrazo con sonrisa.




Elvira dijo...

La imagino, gordita, rodando suavemente... Me gusta cómo escribes, Isabel. Yo sí tengo miedo a las alturas.

Besos

Sue dijo...

Yo también estaba gordita :)

Un beso.

Índigo dijo...

Un bello recuerdo de infancia y de abuelas y de cómo quitarse algunos miedos. Es suave este recuerdo, y dulce; me has hecho recordar bellos recuerdos de pueblo.

Loam dijo...

Parece más un vuelo que una caída. Los niños tienen el presente de su parte porque no calculan.

Un beso, escalonado como las notas de un piano...

Isabel Martínez Barquero dijo...

Es muy bonito leerte cuando te lanzas a contar, Isabel, porque enganchas enseguida y tienes un grandísimo poder evocador.

Por cierto, yo también me caí por una escalera. Fue por culpa de unos zapatos rojos con lunares blancos, de esos de gitanilla, y ahí andaba dándole a las castañuelas y caí. Lo peor fue el susto, porque no me fracturé tampoco.

Un beso bien grandote, tocaya.

Juan Antonio Millón dijo...

No hay sitio para el dolor en la imaginación de un niño: las caídas las amortigua el colchón de una risa. Muy bello.

moonlight dijo...

¡qué linda!

NáN dijo...

Aprendiste a que caer es una experiencia placentera.

(la verdad es que se nota en lo que escribes).

Darío dijo...

De todas formas no aprendemos y seguimos mirando el río...o el río tiene tal poder...Un abrazo.

Índigo dijo...

Un abrazo añil. Gracias por tu paso entre mis índigos.

Susana Camps dijo...

Realmente es una caída de infancia: por curiosidad, lenta, con ochos, con levantamiento como si tal cosa y, esa sacudida de bata que nos provoca una sonrisa. Qué bien transmites, Isabel. He "estado" realmente en tu escalera.
Un fuerte abrazo.

Raquel F. dijo...

También recuerda a la famosa escena de El acorazado Potemkin.

COLOMBE dijo...

tienes razon este relato lo entiendo perfectamente y sobre todo como conozco el pueblo, el rio, puedo imaginarte redondita resbalando ! dices que te gustan las alturas ! puede tener eso varios sentidos ! verdad ?

Lucía dijo...

Jo, me alegro. Lo que en principio parecía doloroso, al final es un evento feliz :)
(me gusta tu actitud, ya desde niña apuntando maneras)

Un abrazo

Anónimo dijo...

Yo he caído,y no precisamente por una escalera, sino en una isla hermosa y sin par, bellos paisajes y mucho más... Aprovecho este medio para deciros que os recuerdo, El tiempo como en Hawai pero más cerca. Me ha gustado tu post, aunque en este "cacharro" no es muy nítido para leer bien. Muchos besitos para todas y un fuerte abrazo para ti. aVE PEREGRINA.

virgi dijo...

Tu caída, entonces, fue como de algodón, tierna y sin peligro. Es que te protege la aureola que siento, a que sí?
Besitos, Isabel, muchos.

Josep Vilaplana dijo...

Voy de aquí para allá, y de allá para acullá, pero hoy he tenido un poco de tiempo para leerte y, como de costumbre, para disfrutar-te.

Por lo demás, de ese lugar donde tú caíste se incorpora como si nada la vida.

Un beso tipo caída libre.

Maria Dolors dijo...

Me encanta como escribes Isabel,
los recuerdos de las abuelas son
todo ternura.

Un beso.

Aquí me quedaré... dijo...

¿Estás bien?

Es día 7 de marzo y no asomas la cara por ningún lado y me resulta extraño.

¿Te has puesto la mantilla y la peineta para semana santa como Lolita Cospedal?

Besos

Isabel dijo...

Aquí, gracias por echarme de menos y a tod@s por vuestra amables palabras.

Lo de mi caída sucedió y reconozco que cuando contamos la verdad de lo que nos acontece se cuela el sentimiento de otra manera.

Gracias, de verdad, y besos.

Myriam dijo...

Creí que te había comentado esta entrada....se ve que algo me interrumpió.

Con tu relato, Isabel, me has recordado mi caída a los 15 años de la escalera de la casa de Ana Frank en Amterdam, no por mirar el cielo, si por mirar hacia atrás al hablar con unos turistas italianos y tener puestos unos estúpidos suecos de madera..... Me luxé el tobillo derecho que me quedó un dolor atroz del tamaño de una pelota de fútbol, igual así seguí viajando....

Besos