domingo, 29 de noviembre de 2009

108. Soy un tomate

Cada vez que vuelvo a la casa del pueblo la veo más vieja, sin embargo, las cosas que guarda de las vidas que la albergaron siguen cada una en su lugar.

En cada cosa hay una historia, un motivo de por qué sigue ahí, hasta la huella de unos labios formada de múltiples besos dados a una fotografía, que me resisto a limpiar.

Esos objetos que, a pesar de que no son nuestros del todo, nos siguen perteneciendo no tienen fecha de caducidad, nos reciben una y otra vez; incluso en silencio, un silencio sólo interrumpido por algún pajarillo que cruza el patio alegrándolo. A veces parece que dialogaran entre sí.

Dice Antonio Muñoz Molina que “a Andy Warhol le gustaba guardar cajas en las que atesorar vanamente las cosas cotidianas de la vida queriendo amansar el río desastroso del tiempo”.

Los mayores de antes no coleccionaban, guardaban las cosas por necesidad ¿y si algún día por H o por B las necesitamos? Eso decía mi madre.

Cada vez que vuelvo de la casa del pueblo vengo más cargada que fui. No sólo mentalmente, sino corporalmente. De ese cajón de sastre que son las cosas que nos acompañaron siempre me traigo algo.

Seguro tendrá esto algo que ver con los genes, también estoy segura que en mí acabará. O quizás se inventen mis hijos alguna performance con lo que encuentren, como el artista chino Song Dong con las cosas de su madre.

Lo único que tiro es un tomate olvidado y mohoso que parece decirme: eres como yo, perecedera.

16 comentarios:

Reyes Uve dijo...

Qué bueno, ese final .
....
Te daría un discurso sobre la necesidad de tirar cosas, pero te lo ahorro, no sea que creas que estoy loca.
Me ha gustado mucho el texto.
Besos.

Ardilla Roja dijo...

Hola Isabel:

A mi me ocurre lo mismo cuando voy a casa de mi madre. Tiene un arca donde guarda lo que yo llamo reliquias. El velo de su comunion, su vestido de novia, ropa interior sin estrenar que se hizo para su ajuar y que no se la pondrá en la vida... Dice que no lo tira porque le da pena y yo siempre encuentro algo que traerme. La última vez, un camisón de algodón con encajes de bolillos, precioso.

También mi padre guarda cosas, pero de otro tipo. Alambres, tornillos que se encuentra, visagras de puertas viejas y que probablemente no use, pero como el dice, por si acaso.

Un placer leerte.
Un abrazo

Isabel dijo...

Dámelo, Reyes, dámelo, a ver si me animo.
Ahora paso a ver tus palabras, no he tenido tiempo.
Más besos

Ardilla, ¡qué gusto verte por aquí!
Creo que las personas nos parecemos más de lo que creemos ¿verdad?
Un fuerte abrazo.

emege-e dijo...

Hermosos post en el que también me he visto reflejada, ya sabes que yo también tengo esa enorme caja donde voy echando todo aquello que me recuerde momentos de mi vida. En cuanto a poseer esos recuerdos maternales, eres muy afortunada poder contar con ellos. Besitos

Isabel dijo...

Qué somos sin nuestras cosas, emege, la vida, a veces, es la suma de ellas.

Besos

NáN dijo...

A veces, ¿no te da un gustazo enorme deshacerte de miles de cosas?

A lo mejor, en esto, somos distintos.

Loguardo todo hasta que me da la ventolera.

Isabel dijo...

Lo que me da es una rabia de dedicarle tiempo a esa tarea cuando prefiero leer y escribir.

A ver si me viene algo de esa ventolera y aprovecho para no perder tiempo en revisar nada.

Miguel Baquero dijo...

Siempre es una gozada atesorar recuerdos, pero cuidado, amiga, con el síndrome de Diógenes. De vez en cuando hay que dejar atrás los sentimentalismo y desprenderse de cosas.. Eso también es bueno y sano, si no, nos asfixian los objetos

VERONICA LEONETTI dijo...

Todo lo que guardamos, en realidad nos está guardando a nosotros. Guardan la memoria, guardan la nostalgia...

Isabel dijo...

No creas que no lo he pensado, Miguel, espero no llegar a eso.

Me encanta esa reflexión, Verónica.

Besos

Anónimo dijo...

Hola a todos:

Es precioso todo lo que decís en los diferentes comentarios, pero qué dilema, "tirar o no tirar, esa es la cuestión"...

Besos

COLOMBE dijo...

me ha gustado mucho los comentarios de tus seguidores, en particular lo que dicen Veronica y anonimo...
una vez estuve en casa de mis abuelos que no he conocido...era una ruina pero encontre un album de fotos... como no sabia nada de ellos... he tenido una pequena pista, una lucecita... mi abuelo coleccionaba fotos de personajes ilustres, que raro verdad ? Los objectos "hablan" mucho a quien quiere escucharlos.
Tu texto Maribel lo "entiendo" perfectamente y leindote estaba en esta casa de tu pueblo que conozco... Recuerdo a tus padres con un carino inmenso.
Besos amiga mia, sigue escribiendo cosas tan bonitas.

VERONICA LEONETTI dijo...

Gracias, Colombe!

Isabel dijo...

Gracias, Colombe, por tus palabras.
Las vivencias unen mucho.

Abrazos

Paloma dijo...

Tita, qué bonito!
No había leído este texto.
Precioso. Como siempre, muy dulce.
Y, para variar, me cayó esa lágrima de sentimiento que se me remueve cuando te leo.
Esos labios señalados en la fotografía, que uno se niega a limpiar, me ha recordado a varios labios señalados que yo no quiero borrar tampoco.
Quizás en este caso no se deba a los genes que heredo sino a lo humano de aferrarse a momentos y seres tan especiales para nosotros... no?
puf...
Te quiero.
Besos

Isabel dijo...

Mi niña, mira que no quiero hacerte llorar, me encantaría lo contrario, pero ni tengo sentido del humor... y, a veces, sobre todo cuando vuelvo al pueblo me invaden los sentimientos. Tu lo dices bien: es lo humano, es lo que somos.
Yo también te quiero, lo sabes tesoro.