miércoles, 28 de marzo de 2018

469. Buscando el equilibrio



Estoy revisando notas y leo una de El Roto “guardar silencio para poder oír”. Y todo está ahí, en la escucha. Yo veo y siento la escucha no sólo en el sonido, sino en estar atento al “otro” porque también miramos sin ver. ¡Hay tanto en los gestos!

Desde donde escribo veo los árboles vistiéndose de nuevo con ese verdor fresco y nuevo. Ahora sí, ya está aquí la primavera. Todo se renueva menos nosotros. Cada vez veo más conservadurismo y esto me entristece.

Sé que pensaréis: qué bonito el campo, qué poético y qué bien lo que ves desde ahí. Lo que no sabéis, o sí, es que también estoy viendo como está una casa de familia a media mañana donde todos están muy cansados y vienen a descansar…

miércoles, 21 de marzo de 2018

468. Primavera casi invierno



No es que me moleste, no
la lluvia limpia y siembra.




Pero este croar
de ramas
en primavera...

viernes, 9 de marzo de 2018

467. Abre puertas y ventanas que...



BIEN SABES
que el mundo tiene una puerta,
la puerta tiene una llave,
y la llave abre una noche
corta pero interminable.
Luis Rosales. CANCIONES

jueves, 8 de marzo de 2018

domingo, 4 de marzo de 2018

465. Hoy ha salido el sol


El hombre se prepara


y: ¡chan, ta, ta, chan!

domingo, 18 de febrero de 2018

464. Como yo


Hoy tengo ganas de escribir porque he encontrado mi cuaderno perdido que lleva mi nombre: JIMENA

Lo último que conté fue mi experiencia con el yoga. Uf, lo dejé pronto. Ya hago yo bastante ejercicio aquí, y más desde que mi señora tuvo que poner mis papeles en regla, porque eso sí, ella conmigo está más que contenta y su nuera aún más. Es linda su nuera, nada más saberlo me regaló un móvil en el que no sé qué hizo, pero puedo oír a mi señora desde cualquier parte de la casa y es grande esta casa, dos pisos unidos por una escalera circular que no sé yo cómo no me he caído más de una vez limpiándola de rodillas. 

Menos mal que antes de morir el marido de mi señora pusieron un ascensor. Siempre que lo nombro me viene a la cabeza su imagen. Tirado en el suelo estaba cuando entré a limpiar su despacho. Tenía el teléfono en la mano. En el entierro alguien dijo: el infarto seguro le dio cuando se enteró de la gran bajada la bolsa.
Los que tienen tanto no me extraña que mueran de eso, en cambio, nadie sabe de los suicidios que hay por tanta necesidad, esos no salen en las noticias, de esos sólo habla el boca a boca de la miseria.

De eso, de las invisibles, quería yo hablar y siempre me voy a otra cosa, porque esta mañana mientras estaba en el váter cogí una revista de mi señora, como tarda tanto en hacer lo suyo, tiene un revistero repleto en el cuarto de baño. Abrí una al azar y vi a Opra vestida de negro como todas las demás artistas en los Globos de oro, ¡lo que me gusta a mí verlas! Pero de negro… oich, con lo bonito que está el colorido de los modelos tan variados y bonitos que enseñan… Me he quedado de piedra con lo que decía Opra: que su madre fue una mujer de la limpieza, ¡como yo! Y nombraba a otra mujer de color que la violaron, que se llamaba…, me acuerdo del apellido, Tailor.

Y digo yo, ¿ahora se acuerdan?, ¡ni que no hiciera tiempo que violan, asedian, y abusan de mil maneras de nosotras! Claro que no es lo mismo si lo hacen a ellas. Me imagino que por eso el luto, eso sí, lleno de encajes y hasta una mariposa blanca llevaba una en el vestido negro. Mariposas como las que deben llevarse el alma de tantas mujeres asesinadas y eso que dicen que estos países son civilizados. Pero bueno, como dice el refrán “más vale tarde que nunca” para protestar.
¿De qué irán en los Oscar?

viernes, 9 de febrero de 2018

463. Ya que estamos…


Con nieve, poemas y leyendo a Emily...


El agua se aprende por la sed;
la tierra, por los océanos atravesados;
el éxtasis, por la agonía.
La paz se revela por las batallas;
el amor, por el recuerdo de los que se fueron;
los pájaros, por la nieve.

Emily Dickinson, “El viento comenzó a mecer la hierba” en Nórdica Libros, con unas bellísimas ilustraciones.

jueves, 25 de enero de 2018

462. Mis hojas preferidas


Mis hojas preferidas

Las hojas ya se van a su retiro,
a la cuneta estrecha, a la laguna,
donde las lleve el aire, en su suspiro.
Hay días de invierno que presiento
en mi ventana no encontrar ninguna
-ya serán alas de su dueño el viento-
y busco, es el final, las recogidas,
guardadas en los libros, una a una,
me señalan mis hojas preferidas.


Jesús Tortajada, Malosdías.

domingo, 14 de enero de 2018

461. Quédate este día y esta noche conmigo

Este es el último libro de Belén Gopegui y el título es un verso del poema, Canto a mi mismo, de Walt Whitman.

También es el último libro que leí el año pasado. Desde entonces, cada vez que busco algo en Google, me acuerdo de lo que su autora me transmite en él. No es un libro al uso, es, cómo diría, una intención inabarcable: la solicitud que una pareja envía al gigante Google para un trabajo.

Tampoco ésta es una solicitud al uso, no hay currículu, ni carta de presentación a pesar de las cincuenta mil palabras que abarca. 
No hay una historia de amor como se puede imaginar una al leer el título, pero sí hay poesía en las palabras, hay cariño en la relación de los protagonistas; hay curiosidad y conocimiento hacia si mismo, y hacia los demás. Si Mateo no hubiera conocido a Olga, sería otro Mateo; no hay identidad sin biografía nos dice Belén, los seres humanos son lo que les pasa.

En esta pirueta genial por la forma que presenta la novela, su autora nos invita a reflexionar a través de dos personajes en el límite; esos límites que no hay que dejar de visitar o quedarse en ellos aunque resulten, a veces, incómodos. Mostrar, como dice Belén, a las personas que se mueven en el filo peligroso de las cosas.

La vida no está sólo en todo lo que Google nos muestra. La vida está también en el día a día de las personas que buscan un sentido y es lo que los protagonistas del libro le cuentan al gigante.

Pág.45: El mundo, Google, está todavía lleno de conversaciones que no ves. La historia se hace, dicen, con empujes lentos donde lo personal es invisible. Google, procedes de un imperio, tu poder no es sólo tuyo. Procuras predecir, y aunque no careces de datos, algunos sí te faltan.

Belén, que sabe elegir a sus narradores y lo ha demostrado en todas sus novelas sin dejar de sorprendernos, lo hace aún más aquí porque, como bien dice: “la elección de un tipo de voz narrativa u otro supone una decisión que, en última instancia, implica una concepción del mundo y de su posibilidad efectiva”.

Google, el ojo que todo lo ve aunque tú no quieras, ingresó el año pasado…

Escribir consiste de algún modo en apartar el ruido que corrompe la señal, buscar en la precisión...

Para completar estas dos últimas frases y saber más, pincha aquí.

martes, 2 de enero de 2018

460. Tirar del hilo


¿Por qué somos como somos?
¿De dónde viene ese rasgo que en algún momento surge en nosotros y no reconocemos? O sí.

Mirando la tira de Mafalda se me ocurrió tirar del hilo y me vinieron a la mente mis dos abuelas, quizás también, aunque me resista, por el efecto que la navidad produce.

Tuve la suerte de disfrutar de las dos porque fui la primera nieta de ambas familias. Eran bien distintas, tanto de fisonomía como de carácter. Entrar en cada casa de mis abuelas era como entrar en la penumbra (algunas casas de pueblo parecían túneles), o en la claridad. No había tristeza en la primera, era más bien como una especie de recogimiento. Como el que yo hacía al recostarme en el regazo de mi abuela; me introducía en un almohadón redondo, extenso y mullidito. Desde ahí le acariciaba la papada que colgaba por su edad, jugaba con ella o le acariciaba su moño pelirrojo. Allí, a su casa, recalábamos mis primos y yo cuando nuestros padres se iban al cine o al teatro y nos fugábamos a la plaza contigua a jugar al escondite. Esas visitas y encuentros eran toda una fiesta.

Entrar en la segunda, la claridad, era mi salvación cuando el cielo se enfadaba y barruntaba tormenta. A mi madre le daban pánico y no me dejaba salir de casa. Le buscaba las vueltas, me escabullía como pez y me escapaba a la de mi abuela, su madre. Allí se abría la puerta y las ventanas para contemplar el espectáculo que el campo y el cielo ofrecía. Al fondo, risas de niños y niñas en la Miga (así se llamaba entonces a la Guardería infantil de ahora) que tenía mi abuela y que, a veces, llamaban “escuela de cagones”. De físico enjuto, puro nervio, su rasgo más característico era su fino humor y, para mí, el tono de su voz. Me encantaba observarla mientras guisaba en la pequeña cocina; a la vez iba y venía a poner orden entre los peques que la seguían por el olor que desprendían sus buenos guisos, y más de un hambre quitó a algunos niños además de cuidarlos.

A mis dos abuelas, a mi madre y a mi amiga Rosa, que me regaló la tira de Mafalda, les dedico hoy este post, en una fecha, para mí, importante porque hoy cumplo un año más y sigo escribiendo.

No dejemos de hacernos preguntas y de reír siempre que podamos. Es mi deseo para este año recién estrenado.


sábado, 23 de diciembre de 2017

459. Mis deseos

 
de salud, paz y felicidad. Que el viento nos sea favorable. Abrazos.

sábado, 9 de diciembre de 2017

458. Sorpresa



Lo encontré en un stand de la feria del libro de Sevilla hace años en una primera edición. Yo estaba en esos días leyendo lo que decía John Berger sobre la ausencia y, al leer el título, no dudé en comprarlo. En “La huella de las ausencias”, Miriam Palma, nos habla de Walada, una princesa omeya, única hija de Muhammad III al-Mustafki, pero también de su entorno que coincide con el esplendor y la decadencia de la época en que vivió.

Y, como sucede con algunos libros, tuve al leerlo, ¡esa sensación de que algo te traspasa! Esa extrañeza de cómo, en tan poco espacio es capaz la autora de hacerme sentir a través de un tiempo tan lejano, al abarcar otras vidas y sentimientos.
¿Cómo hablar de un libro que es la tercera vez que leo? ¿Qué es verdad en un libro?  La verdad se descubre cuando leemos, cuando el objeto libro deja de serlo, cuando en esas palabras te reconoces como mujer
Entonces las preguntas no importan demasiado en este caso, porque detrás de las palabras escritas hay una persona que siente, piensa y analiza de forma diferente a todas las demás. No sé si eso es lo que llamamos estilo, pero el de Miriam, poeta como Walada, sabe plasmar su vida y cautivar a quien se acerca a esta historia. Aquí no hay mitos, ni clichés, ni siquiera leyendas. Hay una vida de mujer que busca, que quiere ser dueña de sus palabras, encontrar su sitio, aprender de otras, enseñar a otras. Su casa se convirtió en una escuela para mujeres, salón literario que vibraba por las noches con refinados ritmos, con las más osadas hipérboles, con la versificación más virtuosa.

He visitado Córdoba varias veces y en la última visité la Casa de Sefarad-Casa de la memoria, en la que bajo el epígrafe: Mujeres de Al-Andalus, pude contemplar un retrato de Walada. Y me acerqué a Medina Azahara, porque los buenos libros te impulsan a la búsqueda. Allí vi esta arqueta dedicada a Walada entre los restos recuperados de ese esplendor que debió ser esta ciudad cuando las europeas andaban a ciegas. 


En la arqueta de su madre, igual o parecida a la de la foto, guardaba sus palabras, sus lamentos, sus poemas. Esos que Miriam ha sabido descifrar para enhebrar una vida de mujer única, con una prosa poética y delicada. Y en todo ese camino, a veces, adverso que Walada recorre, lo hace mostrando a otras mujeres de su entorno y se pregunta: ¿cómo escribirlas? ¿Qué metáforas usar para cincelar sus cuerpos en poemas? ¿Qué ritmos, qué rimas, qué metros escoger para dar cauces a los torrentes de sus voces? Y sucede, también, en los sabores, olores, en los baños, un mundo el del hamman donde se limpiaban hasta las almas

A Walada se la conoce por su relación con el poeta Ibn Zaydún y el libro nos muestra su relación. A diferencia de otros libros, a quien de verdad conocemos aquí es a la mujer, pero también, a los hombres de su entorno en una época convulsa.

Conocer a Miriam Palma y a su poesía fue otra búsqueda mía, y ha sido una sorpresa y un verdadero placer encontrarla en la editorial, Maclein y Parker, que, con el esmero y cuidado que les caracteriza, ha publicado una nueva edición de “La huella de las ausencias” corregida y revisada.

Podéis, si os apetece, leer más en el completo prólogo que hace sobre el libro Adelaida Porras.