El árbol quiso crecer,
cerca de las piedras,
cerca del agua,
cerca de ella.
Pero se tuvo que conformar con su sombra.
El hilo que conduce al costurero te llevará al lunes 10 de Septiembre de 2007.
El árbol quiso crecer,
cerca de las piedras,
cerca del agua,
cerca de ella.
Pero se tuvo que conformar con su sombra.
Le estaba enseñando a Perico la libélula o zapatero como la llamamos y me preguntó ¿dónde está el árbol? Le expliqué el porqué el vecino había quitado el pino; toda la familia era alérgica a las orugas.
En ese instante hizo aparición la voz potente del chatarrero en la calle. Iba, como de costumbre, con su carrillo de mano y solicitaba: hierro, cobre, y otros materiales para vender.
A pesar de su interés por el árbol, noto que el niño ya no me escucha. También se olvida de la libélula y las explicaciones que pensaba darle y me señala el camino de la cigarra.
-Claro, por eso corre que se las pela, para darle un chupetón a la tuerca, igual le falta hierro como a mí.
-¿Cómo?
-Sí, tía, es que tú no has visto que mi madre por la noche le clava una puntilla larga a una manzana, por la mañana se la quita y me hace comérmela a trocitos.
A J. M. esté donde esté.
Piedras que otean
Piedras que esconden
Piedras que gritan
Piedras que hablan
Ya sé, como todo el mundo, el abismo que separa la materia inerte de la materia viva pero me figuro también que una y otra podrían presentar propiedades comunes. Roger Caillois
https://www.uv.mx/gaceta/Gaceta70/70/pie/pie04.htm
Cuando encendí la televisión el fin de semana pasado lo primero que apareció en pantalla fue el rostro de Naomi Watts. En la película su expresión mostraba que estaba pasando el duelo por la muerte de su marido y luchaba con su hijo adolescente para que se levantara y acudiera a sus clases.
Como esta actriz es una de mis preferidas me quedé a verla y a pesar del tema (por algo su título que no conocía es “Desesperada”) me quedé sufriendo en el sillón. Ya había sufrido con pelis de ella como “ 21 gramos” o “Lo imposible” y disfrutado con otras de su extensa filmografía, pero quise ver como afrontaba este papel.
No es lo mismo correr por placer como empieza su costumbre diaria, que angustiada por lo que puede ocurrir con su hijo, y es tremendo, porque se muestra el cuestionamiento de una madre en una de las matanzas que una vez y otra ocurre en los colegios de Estados Unidos. La película también aborda las posibles causas de estos hechos que se repiten en el tiempo y que son varias, además del problema de las armas.
Y para que no olvidemos que la realidad supera a la ficción esta semana ha vuelto a ocurrir, si cabe, aún con más virulencia. Es un horror porque siguen muriendo inocentes mientras los culpables siguen mandando y ganando sumas vergonzosas de dinero.
Pero, ahora que digo boca…, lo que veo es el perfil de las tortillitas de camarones como peinetas al aire. Esas que en Cádiz y alrededores saben hacer tan bien.
Como esas pisadas de los que se creen los amos de todos hacia los más débiles y ellos, igual que esa pequeña florecilla, empeñándose en sobrevivir.
Al lado esta grieta. Como si la tierra sintiera el mismo dolor que sentimos hacia la barbarie.
Y no puedo evitar pensar: y si…, porque ingenuamente me sigo preguntando cómo pueden dormir por las noches.
El otro día estaba sentado en un banco del parque, lo suelo hacer cuando quiero despejarme de lo que estudio, que no viene al caso.
Delante de donde me encontraba dos chicas muy sonrientes de unos veinte años se encontraron y saludaron. Una de ella daba saltitos como de felicidad y la otra le preguntó:
¿Hoy es el día?
Sí, contestó sin parar de saltar, yo creo que me lo pedirá, me ha citado aquí mismo.
¡Qué romántico! Pues no te retrases, ya me contarás.
Como la chica de los saltitos señaló el parque y me apetecía dar un paseo, la seguí intrigado.
En un recodo me despisté, pero alguien chocó conmigo. Era la chica que venía de vuelta corriendo y casi gritando:
¡Un sitio horrible, seguro que es un ogro y conmigo no, que se case con otra!
Menos mal, justo a tiempo, pensé.
Para el expediente
Las nubes y las estrellas no libraron esta guerra
los arroyos no informaron a nadie
si las montañas arrojaron piedras de fuego al río
fue sin tomar partido
la gota de agua que se balanceaba levemente bajo la hoja
no tenía opinión política
Reparto de tareas
Las mujeres en las filas traseras de la política
todavía lamen hilo para pasarlo por el ojo
de la aguja, truecan huesos por plástico, rajan vainas
para venderlas como collares en los cruceros
hacen inmaculados vestidos de Primera Comunión
con planchas y vacilante agua caliente
todavía ajustan los microscópicos hilos dorados
en los chips de silicio
todavía dan clase, vigilan a los niños
desaparecidos en las callejuelas de fuego cruzado...
Entre los poetas míos… Adrienne Rich
Cuadernos de poesía crítica n.º 10
A Sabrina le gustaba conducir su coche rojo por esta carretera a la vuelta de su trabajo. Escogía este tramo, sobre todo, en los cambios de estaciones porque la hilera de árboles que quedaba a su izquierda le parecía hipnótica. Le encantaba verlos mudar de un verde frondoso a unas venas esqueléticas y enrevesadas.
La última tarde que pasó por allí el paisaje lucía en casi toda su desnudez y transparencia. Sin embargo no fue eso lo que recordará siempre. Al girar en la primera curva a la izquierda un coche negro se le venía encima y al verlo se quedó paralizada.
Afortunadamente ni a ella ni a su coche rojo le pasó nada. Un coche que la seguía pulsó la bocina del suyo con tanta insistencia que el coche negro frenó en seco. Cuando Sabrina se repuso y volvió la cabeza la persona que la había salvado ya no estaba.
Ella nunca supo que era un compañero de trabajo enamorado de ella que, sabiendo lo despistada que era, la seguía cada día hasta ese cruce sin que ella lo advirtiera.