jueves, 16 de abril de 2015

373. Cosas mías

¿Qué manías puede tener un escritor que no aspire a la gloria al escribir? Porque los que aspiran a ella, cada vez son más y éstas aumentan:
Que si tengo que tener mi taza favorita cerca con té, café..., nadie dice alcohol, con lo que ayudó a muchos...
O un lápiz de cada color para corregir.
O más bien esperar que la luz del amanecer ilumine la página.
Una foto, un póster, una pila de libros favoritos alrededor del portátil, algo que abrigue de la soledad y el frío blanco de la página.
¿Por qué no le preguntan a un dentista que manía tiene al sacar una muela?
Extraer, de eso se trata y seguro hay quien se lo piensa, le cuesta y se inventa algo o todo, como nos inventamos el vivir.
Quizás escribir de pie como hace Hemingway en la peli Hemingway y Gellhorn con la guerra de fondo sea la clave para escribir bien, porque sentados...
Mientras escribo estoy pensando cuál podría ser la mía. Ya está, voy a pedir que alguien me ayude a hacer el pino. Quiero que me baje la sangre a la cabeza porque me quedo sin ella de leer lo que leo.


No quiero dejar pasar a un escritor que sí alcanzó la gloria en muchos lectores. No sé que manías tendría Eduardo Galeano, pero me da igual, porque nos dejó mensajes para que pensáramos en lo que es realmente importante.
Por eso, y por recordarlo aquí, quiero dejaros algo de su libro Espejos, una historia casi universal, ahora que se aproximan las elecciones:

Peligro en el camino

Alrededores de Sevilla, invierno de 1936: se acercan las elecciones españolas.
Anda un señor recorriendo sus tierras, cuando un andrajoso se le cruza en el camino.
Sin bajarse del caballo, el señor lo llama y le pone en la mano una moneda y una lista electoral.
El hombre deja caer las dos, la moneda y la lista, y dándole la espalda dice.
-En mi hambre, mando yo.

Gracias, Eduardo y descansa en paz.

El enlace lo he tomado de este blog, que también tiene dos vídeos sobre Galeano:
http://zambrone.blogspot.com.es/2015/04/murio-demasiado-joven-eduardo-galeano.html


domingo, 5 de abril de 2015

372. Tardío pero cierto


Cuando esto ocurre, respirar es un goce...

domingo, 29 de marzo de 2015

371. La pasión según...


El blanco de la pared era como un imán.


Se enamoró del habitáculo al rodearlo, era perfecto para ejercer su dominio sobre ella.


Cada día la visitaba y cambiaba la frase que pintaba y luego le gritaba desde fuera. Hoy tocaba: buenos días, princesa.

sábado, 14 de marzo de 2015

370. Comunicación no verbal

Hay gestos que nos definen en ese decir cómo somos, en esa comunicación no verbal en la que, por ejemplo, si cruzamos los brazos a la altura del pecho nos estamos defendiendo a saber de qué.
Pero hay otros gestos que suceden en nuestro interior, sin que nadie lo advierta, bien porque estamos solos o por no molestar. Esos que dicen qué nos gusta, con quiénes somos más afines, etc. O cuando leemos y escribimos en soledad, ¿qué sucede en ese ámbito intimista? ¿Son dos placeres iguales, distintos?
Me atrevería a decir que sí, para muchos la escritura es una especie de calvario y son buenos lectores.
Ni siquiera hace falta que sea un libro lo que nos lleve a esa comunicación, puede ser una frase, un poema, algo más extenso si lo requiere. Pueden ser impresiones de ese autor a quien se lee, sin planteamiento, nudo y desenlace. A veces, ni tocas el papel; a veces, sólo la pantalla fría hace de intermediario, aunque para lo que intento describir los defensores del papel argumentan:
la sensación implícita de dónde usted está en un libro físico, se vuelve más importante de lo que creíamos; hay algo físico en la lectura, el cerebro a través del tacto del papel lo necesita, reconoce las letras en base a líneas curvas y espacios; utiliza procesos táctiles que requieren los ojos y las manos...
No sé si os pasa, pero cuando quiero recordar un pasaje de un libro me acuerdo de la página, en que lugar estaba, si había punto y aparte, le llaman memoria fotográfica. Me gusta el papel, aunque no sé qué haría sin mi pequeño portátil, pero esto es otro tema.
Lo que me interesa es el acto de leer, ese volar hacia las palabras del otro, adentrarme en lo que escribe, qué cuenta entre líneas.
Cuando las palabras son sinceras, cuando se escribe desde la verdad, lo notas. Si conoces quién hay detrás de ellas redondeas, y si no, lo intuyes; te comunicas, y es ese sentir lo que unifica, como dijo alguien, “la sensación de que no estamos solos”. Como hilos invisibles.

sábado, 28 de febrero de 2015

369. Un simple detalle y por poco...

Es ella, seguro, aunque la vea de espaldas es ella, ¿quién si no iba a llevar en la pierna izquierda la bota por encima del pantalón, y en la derecha lo contrario? Tiene su andar, su pelo, alta figura y su propia elegancia desaliñada en el vestir. Eso pensaba, y tan segura estaba que me di prisa para alcanzar a mi amiga. Al llegar al semáforo, en rojo para los peatones, la llamé dándole un golpecito en el brazo.
-¡Carmen!
-¿CÓMOOO?
Ni aquella mujer de rostro enrojecido y colérico era mi amiga, ni yo podía sortear los coches que pasaban a toda velocidad para huir de ella.  
Lo vi todo rojo: el semáforo, su cara y hasta yo misma si me atrevía a cruzar la calle.  Ni siquiera le advertí que llevaba cada pierna vestida de forma diferente.
Giré en redondo, intentando pasar inadvertida, incluso, cambié el destino al que me dirigía. 

domingo, 15 de febrero de 2015

368. Cuénteme qué es conversar

Una noche durante una de nuestras tertulias con amigos se dieron dos posturas enfrentadas. Intenté callarme, primero porque aprendo de la observación y más tarde porque no tenía muy clara la idea que quería exponer (hacia la una de la madrugada, mis párpados no me responden, imposible mantenerlos abiertos), pero sí me acordé de volver a leer lo que dice Theodore Zeldin sobre la conversación:
Solemos discutir, debatir, entrar en controversia -que nos puede llevar al enfrentamiento- regañar, debatir, contender, de tal manera que las personas que ejercitan estos verbos, llegan a dejar de hablarse y dejan de conjugar el verbo que nos diferencia como humanos: hablar.
La conversación es otra cosa. Conversar es con-versación, conversare, tiene que ver con convertirse, volverse del revés, “cambiar de mentalidad”. Al conversar se reorientan nuestros miedos, sobre todo el que provoca la ignorancia, percibimos como la brújula de nuestra vida señala hacia la generosidad, apunta a los otros, mis semejantes, para re-conocer a quienes comparten y construyen el tema de conversación. Es entonces cuando superamos la retóricas vanidosas y persuasivas de otras reuniones y charlas, aquellas que utilizan los fuegos artificiales del lenguaje para obtener el beneficio efímero de someter al interlocutor, o acaso conseguir su conformidad, para elaborar una especie de sucedáneo de autoestima, que grita en nuestro interior -¡que listo soy!-.
Pienso que hay que insistir sobre la escucha, a mi manera de ver, una premisa básica para conversar. Cada vez cuesta más hablar en cualquier sitio público, y ya no digamos los girigays que se forman en las tertulias televisivas, llega a ser fatigante. Sin embargo, cuando encuentras a alguien que cuando escucha se pone en el lugar del otro, intenta descubrir qué le quiere decir, empatizas y esa idea que no verbaliza fluye favoreciendo el diálogo y el entendimiento.
Dice Zeldin, (y yo estoy de acuerdo) “Cada vez que conozco a alguien aprendo algo, incluso de las personas que no me gustan. Se trata de mirar más allá de lo que te disgusta”.
No es un historiador común, de hecho he leído que del pasado lo único que le interesa es cómo vivía la gente. Por eso decidió dejar de lado las cosas habituales de la historiografía tradicional "para estudiar las emociones y los deseos de las personas". Para este historiador, la soledad es la peor clase de sufrimiento "en una sociedad que persigue el éxito y que no sabe cómo gestionar el tiempo libre".

jueves, 5 de febrero de 2015

367. Río congelado


Bajo la capa de hielo
el agua continúa fluyendo.
Tantos construyendo cerrojos
y tan pocos buscando llaves.

Alberto García-Teresa.Abrazando vértebras. Ed. Baile del Sol, 2013

viernes, 23 de enero de 2015

366. En forma


Me llamo Jimena y hoy es mi día libre. Sí, y voy a celebrarlo haciendo algo distinto a lo que hago cada día: limpiar y cuidar. Es una experiencia nueva para mí, como acceder a algo que no me pertenece. Depende de como salga lo escribiré en un cuaderno viejo que tengo desde que llegué a este país, entonces me acostumbré a escribir las pocas cosas distintas que me ocurrían, pero hace tiempo que me aburrí de hacerlo, total, para qué servía. Fue desde el día que la ley le dijo a las que tenían empleadas de hogar como yo que tenían que regularlas, y yo me relajé. No ha servido de mucho porque tengo amigas que; bien porque sus señoras se creen en posesión de todos los derechos, y ninguna obligación, o porque muchas de ellas se han quedado sin un duro; bien porque quien hace la ley hace la trampa, lo cierto es que se han tenido que volver a su país y aquí hemos quedado sólo una pocas. Son ellas las que me han convencido para que vaya a clase de yoga: que si es bueno para la circulación, para la mente, para el cuerpo, etc. Y yo, que soy fácil de convencer, he dejado lo que hacía en mi día libre como leer, coser, ver un poco la tele; cosas que se hacen sentada, pero como mi culo se sale del asiento de la silla, no me ha costado hacerles caso. Además, yo lo que me propongo lo hago con ganas, por eso, ahí voy.

Es un día luminoso, fresco, sin ese calor agobiante del lugar de donde vine hace ya tantos años. Me siento bien, voy temprano y sola para disfrutar del paseo. El centro de mantenimiento es una nave contigua a la zona residencial y está muy bien acondicionada con salas distintas. Hay muchos aparatos raros que yo no había visto en mi vida. Una música muy movida me llama, me asomo a una sala en la que las personas bailan subiendo y bajando a una plataforma, como dando saltitos; hay una mujer que lo hace al revés del resto, no hay forma de que coja el ritmo, me da un poco de pena, pero es tarde y busco en un panel mi clase. Todo es nuevo para mí, pero “donde fueres, haz lo que vieres” que dice mi señora. Cojo una colchoneta y procuro un sitio donde no me vean mucho. Mientras pongo una toalla encima, el profesor, un chico joven de formas suaves como su voz está hablando sin que lo moleste la música relajante de fondo. Aquí venimos a saber escuchar qué nos dice nuestro cuerpo. El mío se refleja demasiado en esos espejos de cuerpo entero que cubre una de las paredes y busco otro lugar donde tenderme. Cerrar los ojos y dejad que la energía os invada. La mía está escapando en forma de sudor. Ahora tendidas boca arriba atended a vuestra respiración. Hago caso y cierro los ojos, respiro, pero escucharla me pone nerviosa. Los abro y veo un ojo negro y grande que me mira, una chica al lado me dice que es una cámara, y de nuevo arrastro mi colchoneta a otro sitio, me imagino a alguien riéndose de mis esfuerzos y eso sí que no. Llevad ambas rodillas al pecho y luego elevad las piernas hacia lo alto con la punta de los pies apuntando a... Lo intento, pero como si mi energía se dirigiera al techo, o mis pies se hubieran alargado con un micro en la punta, escucho un clic y un aparato negro y grande que parece un altavoz comienza a desprenderse justo encima de mí. Cojo mi toalla, mi mochila, intento llevar a su sitio la colchoneta. Al dejarla caer al suelo choca con las pelotas de pilates que se precipitan sobre mí, me levanto como puedo, echo a correr escaleras abajo, mi cuerpo rechoncho es una pelota más. Decido en este instante que esto no es lo mío, estoy más nerviosa, más contraída y más cansada que nunca.


viernes, 9 de enero de 2015

365. Frases


"A no ser que el teatro te ennoblezca y te haga una mejor persona, deberías huir de él"
Konstantin Stanislavki

"Todo el mundo puede actuar. Todo el mundo puede improvisar" Viola Spolin

"No tengas tanto miedo a la muerte como a una vida inadecuada" Bertolt Brecht

"Actores somos todos nosotros, el ciudadano no es aquel que vive en sociedad: ¡es aquel que la transforma!" Augusto Boal

martes, 30 de diciembre de 2014

364. La niña bonita


Pues que se anime, que lo esperamos con ganas.


Que venga cargado de justicia, de igualdad y de paz.

miércoles, 24 de diciembre de 2014

363. Felicidad


Vamos a celebrarlo con humor que para entristecernos ya está el gobierno...

miércoles, 17 de diciembre de 2014

362. La improvisación


Estamos dominados por la razón, y es preciso entender que ésta no es la única vía para crear. Más bien, frecuentemente, se convierte en una fuente de bloqueos, cuando, agobiados por la presión de ser “originales y buenos”, descartamos una tras otra todas las primeras imágenes, ideas e impulsos para comenzar un ejercicio. Y finalmente, recurrimos a alguna pregunta para disfrazar nuestra incapacidad de arrancar desde el raciocinio.
Un psicólogo norteamericano de finales del siglo XIX, William James, sostenía que “las respuestas automáticas del cuerpo al estímulo son la emoción misma, adelantándose así a la percepción mental de la emoción”. Y ponía por ejemplo la siguiente frase: “Yo veo un oso, corro y me viene el miedo”. Hay que dejar, pues, que nuestro cuerpo dirija también de vez en cuando a nuestro cerebro. Y la improvisación es una buena oportunidad para hacerlo.
Otro de los problemas, derivado del anterior, cuando improvisamos con otros, es el de la falta de escucha al compañero. Se cae en el error de considerar que la responsabilidad de que la improvisación avance es sólo de uno mismo y de esa manera se arruinan iniciativas brillantes de los otros porque nuestra concentración no está en ellos, sino en encontrar nosotros la “gran idea”. Se acude presto a la llamada de nuestro ego y al reclamo de nuestro narcisismo, lo cual nos conduce, a veces, a considerar al compañero más como un rival que como un cómplice. Es preciso entender que el compañero y yo estamos en el mismo barco y si se hunde uno se hunde el otroPor tanto, lo mejor que podemos hacer es estimular la imaginación del otro, concentrando en él toda nuestra atención y energía. Hacer progresar sus iniciativas desde la aceptación para, a partir de ahí, hacer nuestras propias aportaciones y, juntos, conseguir que progrese la improvisación.

Jesús Jara, El Clown, un navegante de las emociones.