lunes, 18 de mayo de 2020

534. Tamaños





Estos días de “conozca usted a sus vecinos” he visto proliferar nuevamente las banderas, aunque nunca vi que las anterior crisis hubiera terminado, pero sí que decayeron un poco en los balcones.
Nunca me han atraído las banderas ni lo que representan porque nunca me he sentido representada en ellas. En el colegio me gustaba dibujarlas por su colorido y forma, pero nada más.  
Cuando tienes que abandonar tu tierra para buscar el pan en otra, ya sea en el mismo país o en otro distinto, aprendes mucho sobre ti y los demás; sobre todo al volver porque no te has conformado como otros, y esos no te lo van a perdonar. Y, también, porque puedes comprobar cómo ha empobrecido tu tierra. Y, no digamos, si intentas aplicar lo aprendido fuera para promover el desarrollo de donde tuviste que partir. Aunque esté claro que tu trabajo ya no dependa de tu terruño, pero sí de tu región, ese progreso que intentas para él no será bien visto “por nadie”, sólo servirá para que otros, primero te copien, y segundo se pongan más medallas que los militares.

Ya me he ido del tema, porque lo que quería decir en estos días que proliferan las caceroladas y protestas, es que las mismas denotan lo atrasados seguimos estando y qué poca educación ni respeto hemos aprendido. Y tampoco es una forma de respetar ni sentir a los que se han ido en la soledad más temida.
Los primeros derechos a reclamar son la salud para poder trabajar y levantar un país y la educación para salir de la idea de que un país no nos pertenece. Podemos utilizar todos los posesivos que queramos: “mi tierra, mi patria” etc. Pero un país, una nación y este mundo en que vivimos es un todo y no somos sus dueños para hacer con el lo que queramos, sino para CUIDARLO.
Y ahora, en este momento no vale salir a la calle y protestar si no es para arrimar el hombro y no para decir que tu país es tuyo: “el patio de tu recreo”, como dijo un político que hizo lo posible por unir fuerzas en vez de separar como ha hecho siempre la derecha.

Da igual quien nos gobierne, es tan nuevo y terrible lo que estamos viviendo que todos se hubieran equivocado, todos, pero manipular una pandemia en vez de arrimar el hombro no es ni de patriotas ni de banderas. Es de SOLIDARIDAD HUMANA.

3 comentarios:

Unknown dijo...

Efectivamente querida amiga. Es todo tan mezquino que no logras entender tanto despropósito y tanta manipulación si no es porque ves el miedo en aquellos que creen que sus privilegios está antes que nada. Acostumbrados a tenerlo todo, temen que su patria sea mas equitativa.😚

Isabel dijo...

Perfecto, bienvenido Unknown, vuelve cuando gustes.

ÍndigoHorizonte dijo...

Hoy ya nadie ha salido a aplaudir porque ya hemos pasado a la fase 1 y la gente sale a pasear... lo que está muy bien y es de razón, pero como tú, siento que muchos olvidan que el uso del dolor y del odio como cura para el dolor carece de sentido. Y, como tú, siento que la sanidad y la educación públicas y de calidad son esenciales para crear una sociedad más justa, una sociedad que avance y aprenda de sus errores. Desgraciadamente, hay cosas que algunos se empecinan en emponzoñar... buscan la zafiedad porque parece que ella les habita. Por eso echo tanto de menos a nuestro vecino Portugal cuyos representantes han sabido estar donde tienen que estar: todos a una. No entiendo al humano carroñero. Y hay muchos ocupando el circo político hispano. Ojalá supieran que la carroña solo sirve para dar de comer a las aves y que nosotros no tenemos alas y necesitamos la solidaridad, el respeto, el coraje y la valoración de lo público y lo comunitario para abordar esta situación difícil y no la ponzoña, el ruido y el miedo.

Abrazo grande, Isabel. Y a cuidarse mucho.