jueves, 6 de octubre de 2011

216. Desidia

El calor de la tarde se cerraba sobre la isla y Mallorca se iba desocupando de veraneantes. Los señores de Jimena se habían marchado del chalet; una ganga dijeron, y un trabajo más para ella.
Después de un día duro, por fin, había terminado de ordenar, limpiar y proteger con sábanas los muebles. Estaba sola y cansada. Se desnudó y sumergió su orondo cuerpo en las transparentes aguas de la piscina. Mañana vendrá el jardinero a cubrirla para el invierno. Nadó suavemente, dejando que el frescor del agua penetrara por todos los poros de su cuerpo moreno, de un moreno natural, no tostado por el sol. Un juguete olvidado llamó su atención, al sacarlo del agua sus lágrimas se mezclaron  con el agua clorada y ésta le robó la sal; como la necesidad de sobrevivir le había robado a sus hijos, tan lejos de ella.
Con pasos lentos extendió una toalla en el suelo del porche y se tendió bocabajo. Una lagartija salió de la oquedad del gran tiesto donde la caña india crecía salvaje. Tenía el rabo cortado. La lagartija se dedicó a observar hormigas, movía la cabeza pendiente de escoger su mejor bocado, y en un abrir y cerrar de ojos, sacó la lengua y se comió no sólo una hormiga, sino todas las que su apetito le pedía.
Sus señores, en reuniones con amigos, no habían hablado de otra cosa este verano: la crisis financiera. ¡Tantas conversaciones que ella no entendía! Jimena sólo sabía que tenía que trabajar más aún para no volver a la pobreza de su tierra.
Siempre se había dicho que el pez grande se come al chico, y ahora la gran lagartija de rabo cortado lo confirmaba, aunque eso no era nuevo para ella.
Lo nuevo era la desidia; esa desidia que le impedía levantarse, recoger con una instantánea de su cámara la lengua de la lagartija y la hormiga pegada a ella arrastrando su miga minúscula de pan con esfuerzo para, al final, ser engullida. Hubiera sido un disfrute para sus hijos. Y seguro les hubiera contado que, para las lagartijas, desprenderse de la cola es un mecanismo de defensa, y que les vuelve a crecer, como crecen los dineros de los poderosos.
Pero la desidia ganó la partida. Como ganaba el poder al controlar la desidia de los que estaban cansados de trabajar como Jimena, una laboriosa hormiga más pegada al suelo.


28 comentarios:

Eastriver dijo...

Qué duro... Me gusta especialmente la descripción. Aunque al principio parezca no tener sentido luego resulta ser una metáfora. Muy bueno.

claudia dijo...

La desidia es muy destructiva, aunque parezca que no hace nada.
Siempre me ha llamado la atención el mecanismo de las lagartijas de desprenderse de su cola.


besos.

Chica del espejo dijo...

Genial.

Freia dijo...

Me ha gustado muchísimo, Isabel

Un abrazo

Francesc Cornadó dijo...

A la lagartija le volverá a crecer el rabo, los que hablaban de la crisis financiera lo tienen más crudo, la pobre Jimena, tan sabia, ya lo sabía.
Enhorabuena, muy buen texto.
Salud
Francesc Cornadó

marce dijo...

Si hay conciencia si. La desidia de qué nace realmente...Del otro lado debería estar el pundonor y la fuerza de aflojar al poderosos. No es tan cierto que la cigarra no hace nada y que la hormiga lo hace todo. Realmente es la cigarra quien hace y la hormiga la desplaza.

Gracias.

un abrazo.

Susana Camps dijo...

¡Qué buena imagen de lo que ocurre a tantos millones de personas "pegadas a la tierra"! Le decía el otro día a otro colega que da la impresión de que nos sobrevuelan... no sé quiénes, pero nos sobrevuelan.
Abrazos.

Aquí me quedaré... dijo...

Jimena, Jimena...
¿Cuántas “Jimenas” hay en nuestro país sin que sepamos nada de ellas, ni del dolor de sus corazones, de su desidia, soledad e impotencia?

Precioso relato.

Besos

Isabel dijo...

Gracias, eastriver, por tu paciencia para llegar a esa conclusión.

claudia, a veces hay trenes que no se cojen por ella.
Más besos para ti.

Chica del espejo, muchas gracias, tengo curiosidad por mirar en ese espejo.

Freia, gracias por dedicar ese tiempo precioso tuyo a pasar por aquí.
Otro abrazo.

Isabel dijo...

Francesc, me gusta este personaje porque tiene la sabiduria de la gente sencilla.
Gracias y salud.

marce, en este caso nace del cansancio físico debido al exceso de trabajo físico de Jimena, o al menos eso quería transmitir. En otros casos puede que se deba a no tener poder de decisión, incluso a comodidad, etc.
Y sobre la cigarra, ya sabemos lo que la fábula dice, que mientras una canta la otra trabaja.
Gracias a ti por opinar y otro abrazo.

Susana, me alegra mucho eso que dices, porque me cuesta que mis escritos sean visuales.
"Nos sobrevuelan" es muy potente, me gusta.
Abrazos.

Aquí, ya sabes de donde viene Jimena y sí, es cierto, hay muchas. Como Emilias ¿verdad?
Gracias y besos.

Anónimo dijo...

¡Qué guay, no?? Muy visual. Besazo de Uva.

La Zarzamora dijo...

Qué mala es la desidia, ese spleen que nos hace contemplarnos como la poca cosa que somos en realidad. Soledad y trabajo, rutina y a veces, las más, desconsuelos.
Insectos y reptiles dotados de memoria y de una perezosa intransigencia con nosotros mismos.

Besos, Isabel.

virgi dijo...

Y las hormigas tienen pocas defensas frente al poder.
Besos, Isabel

Musaraña dijo...

Que de lecturas se saca siempre de tus letras!

Aunque no perdono a Jimena que este en mi isla bañandose en una piscina. ¡Con este mar tan hermoso!

Un beso

Miguel Baquero dijo...

Las lagartijas se libran de su rabo para escapar, pero me parece que nosotros, por más que nos cortemos, no escaparemos al final de que nos aplasten. Hoy estoy un poco pesimista...

Sue dijo...

Bonito nombre para una vida tan dura.
Jimena.

Pero yo creo que si todas las lagartijas pobres se unieran otro gallo cantaría.

Bonito relato.

Un abrazo.

Isabel Martínez Barquero dijo...

Habías actualizado y no me había dado cuenta. Menos mal que se me ha ocurrido venir, porque es un cuento estupendo. Describe a la perfección las sensaciones de los más débiles frente a los más poderosos, esa desidia que también cosechan los ricos, aunque éstos por no hacer nada.
Un abrazo y sigue narrando. Se te da y todo es cuestión de práctica.

Araceli Esteves dijo...

Entrañable Jimena, fantástico relato tan lleno de metáforas. Un abrazo

Isabel dijo...

Si tú lo dices, Uva querida.
Besote.

Qué bien lo dices, Zarzamora.
Besos.

virgi, pero están más unidas que los humanos. Más besos para ti.

Musaraña, tu isla me encanta y he sido muy feliz cuando la he visitado. Un abrazo.

Isabel dijo...

Miguel, creo que es la primera vez que te encuentro pesimista, puede que sea mi relato, alegre no es, lo sé.

Isabel, a veces me acuerdo de Jimena, he ido poniendo lo que opina en el blog en varias ocasiones:
(Aprendiendo a escribir, entradas 166,131 y 97).
Le he cogido cariño porque es una persona sencilla.
Abrazos.

Araceli, me alegra que te parezca entrañable. Otro abrazo para ti.

José Luis Ríos Gabás dijo...

La leí hace unos días y la he vuelto a leer ahora, Isabel, a mí me parece una buena historia y muy bien escrita, un saludo para ti.

Marta dijo...

Buena entrada!
Real como la vida misma.

Un besuco
http://vivoenunmongui.blogspot.com/

Isabel dijo...

José Luis, gracias por pasar de nuevo y por tus palabras.

Marta me alegra te guste.
Besos.

Aquí me quedaré... dijo...

Sí, claro.
Tienes razón. Muchas Jimenas y muchas Emilias.
Siempre me emocionan y me hacen pensar
Besos

Isabel dijo...

Querida Aquí, mientras pensemos no se nos caera la neurona inquieta.

Más besos.

Isabel dijo...

Sue, acabo de ver tu comentario junto con otro sin publicar porque mister google lo había mandado a otro sitio, lo siento, de veras.

Gracias por opinar y un gran beso.

Myriam dijo...

jajajaja recuerdo esta entrada, la leí cuando estaba de vacaciones, viajando. la releo ahora y me vuelve a llenar de esa modorra vacacional de cuando "los moros no están en la costa" o los patrones se han ido de viaje, que es lo mismo.

Besos

Isabel dijo...

Myriam, la escribí en la casa del pueblo, estábamos de obras y recuerdo que estaba tan cansada que eso hizo que me acordara de ella.
Abrazos.