martes, 5 de agosto de 2008

37. Verano

Quemados por el sol.

Quemado por el sol.

martes, 29 de julio de 2008

36. Toc, toc, ¿hay alguien ahí?

He concluido mi desaparición a la vez que el libro de Enrique Vila-Matas Dr. Pasavento y me ha dado qué pensar.

No media hora al día, como recomiendan en Estados Unidos, según cuenta el filósofo alemán Boris Groys en Babelia: “ha habido estudios que han demostrado que se trata de una actividad que, siempre que no se abuse, genera unos procesos químicos que son provechosos para la buena salud”.

Me encantaría sacarle punta a esto, no tiene desperdicio, pero me apartaría del tema que quiero tratar y que se acerca más a la también opinión de este filósofo en respuesta a su entrevista:
¿Quién es el espectador -se pregunta y nos pregunta Groys- si todo el mundo quiere ser protagonista en la época de la cultura del espectáculo?, y recuerda a Guy Debord, el analista más lúcido de la cultura del espectáculo, el último espectador atento.

Tanto en la TV, como en YoyTube o MySpace: “todos quieren expresarse, todos son artistas”.
Yo, de verdad, pienso, como dijo Jacob Von Gunten, personaje literario de Rober Walser, que: “Las fatigas, los groseros esfuerzos que se precisan para alcanzar en este mundo honores y fama no están para mí”.

Me gusta como hace Vila-Matas “desaparecer y ausentarse al escribir y escribir para ausentarse” y, me gusta lo que dice Walser “alegrarse secretamente al comprobar que uno se oculta un poco”. Esto me recuerda a la infancia, esa alegría nerviosa que experimentábamos al jugar al juego del escondite, ese ocultarse un poco de los demás.

Me gustan muchas de las cosas que se dicen en Dr. Pasavento como cuando habla de la escritura misma: “No sé, trabajo en tinieblas y todo es misterioso, solo sé que me fascina escribir sobre el misterio de que exista el misterio de la existencia del mundo, porque adoro la aventura que hay en todo texto que uno pone en marcha..., esa línea de sombra que, al cruzarla, va a parar al territorio de lo desconocido...”

¡Si se pudiera compaginar la curiosidad del escritor con la del lector!

Se me está ocurriendo que no es tan descabellado el consejo, quizás si en vez de mirar la TV del verano todo el mundo al unísono (si los americanos siguen el consejo seguro los imitaremos), apagáramos “la caja tonta” media hora para pensar..., no, no me digas tú, que has leído el artículo, que es justo el tiempo del otro consejo que dan: hacer el amor para reducir el estrés. Entonces una hora mejor ¿vale?

Acabo de descubrir este enlace a una entrevista de Vila-Matas donde se puede conocer mejor a través de sus palabras.

martes, 15 de julio de 2008

35. Vacaciones

Leo con bastante reserva un artículo del sábado en el diario El País titulado, El estrés de dejar de trabajar; lo subrayo, no tiene desperdicio. Mientras leo pienso “la gente es idiota, ¿o qué?”, hasta que, avanzando en la lectura, llego al término acuñado por una clínica austriaca para tratar a algunos pacientes que padecían una extraña ansiedad: “depresión de la tumbona”.

Paro de leer porque me identifico totalmente. Ayer lunes no podía con mi cuerpo y, claro, me atribuyo el término.

Sigo leyendo y para mi sorpresa los especialistas aconsejan: “irse muy lejos” y “desaparecer”. Aquí ya me da hasta miedo; primero, yo no estaba este fin de semana en el mismo sitio de todos los días, yo estaba en Nápoles y en París al mismo tiempo porque yo, cuando leo “tumbada en mi tumbona de playa de oferta”, voy donde el autor me quiera llevar.

Y segundo, “desaparecer”, aquí comprendí realmente mi estado de ánimo de ayer. Yo había llevado a cabo el intento de Vila-Matas en su libro Doctor Pasavento.

Yo había “desaparecido” y, no con la escritura como él, sino con la lectura de su libro. Me había colado literalmente entre la rejilla de plástico de mi “tumbona de playa de oferta” calentada por el sol de mediodía.

viernes, 4 de julio de 2008

34. Llamada


Hace días que me llaman al móvil y en la pantalla sólo aparece esta palabra: “Llamada”. Si contesto una voz de mujer me habla en francés.

Esto puede ser el inicio de un relato, sin embargo, no es ficción.

Me chocan estas llamadas sin identificación. Sé que no es mi amiga francesa, Colombe, porque ella pronunciaría mi nombre con su forma peliculiar, ¡Maguibel! Y seguiría hablado en español y yo escuchándola encantada; me gusta mucho su acento.

Es la única que me llama así, otros Mª Isabel o, más cómodo, Isabel, da igual sólo es un nombre. Un nombre que aparece por primera vez aquí. ¿Por qué no lo he hecho hasta ahora? Porque tengo que confesar que a mí la costura nunca me ha gustado y pensé que me cansaría enseguida de “coser palabras”, pero no ha sido así, al revés, escribo cada vez más. La escritura se ha convertido en un hábito que incluso me empuja a escribir a mano, algo que hacía mucho tiempo no practicaba.

Escribir es como cocinar. Puedes usar la imaginación; creando sabores nuevos, en forma de metáforas, mezclando ingredientes: palabras, números, signos... Pero eso sí, la cocina como la escritura necesita su tiempo. En el caso de algunas recetas es necesario el reposo para que se mezclen las sustancias como en la escritura para eliminar lo superfluo.

Hoy me voy a saltar esta norma que me he impuesto para no arrepentirme y suprimir el post.

viernes, 27 de junio de 2008

33. Un deseo mayor que otro

La chica con muleta mira embobada el escaparate de los pasteles en la panadería.
-Clack...
El ruido metálico de la muleta al caer sobre el suelo hace que me agache, recogiéndome la falda, para cogerla. Pero un chico se adelanta y se la entrega. No pasa más de un minuto y...
-Clack...
De nuevo la muleta cae.
-Espera Eva, yo te la doy, -dice el dependiente agachándose; le entrega la muleta y la bolsa del pan.
La chica va hacia la puerta, anda con dificultad y yo me adelanto para abrirla, pero ella en un rápido movimiento la abre y...
-Clack...
La muleta en el suelo por tercera vez. La chica, ahora sin muleta, se vuelve hacia mí y me sujeta con la mano para que la deje en el suelo, al tiempo que un joven bastante apuesto entra en la panadería, la recoge y se la da.
La chica con muleta me mira y dice sonriendo:
-Siempre me ha gustado que caigan rendidos a mis pies.

miércoles, 25 de junio de 2008

jueves, 19 de junio de 2008

31. Conocer, conocernos

Imagínate que tienes la ocasión de conocer a alguien a quien admiras por lo que escribe y cómo lo escribe. Sabes cosas de ese escritor porque en este caso no es un extraño, hay lazos familiares de recuerdos y amistad.

En la espera de ese encuentro piensas en el escritor y se agolpan los interrogantes.

Cuando conoces a una persona a través de su escritura, conoces una personalidad diluida y a la vez contenida en ella, pero te faltan datos. Al escribir a mano, un experto en grafología puede ver, en la dirección o apertura de las letras, rasgos de tu carácter, pero ahora en esta letra encasillada no podemos hacer virguerías.
Mejor, así no hay distracción posible. Lees y vas a la esencia, esa esencia que va más allá de la forma, la que se desprende del texto y emprende sola su camino. Es la que te enseña y te muestra el espíritu de lo escrito; surgen los interrogantes, que supones sin respuesta, pero tú insistes porque eres una mera aprendiz.

Todas las preguntas que deseas hacerle al escritor se esfuman cuando lo tienes delante y, después de ese encuentro fugaz y agradable, te preguntas cómo ha podido pasar.

Cuando lees conoces, o crees conocer, lo interno de la persona que escribe, pero sólo es una parte de ella que resulta ser una gran parte en los buenos escritores, y eso lo compruebas al tener delante a uno de ellos.
Es entonces cuando la mente encierra lo interior, lo conocido, para proveerlo de su forma, para completarlo. En ese proceso se aparcan involuntariamente las preguntas que no haces, relegadas para aprehender otros influjos nuevos.
Vuelves después a esa lectura que te gustó y, ahora sí, al leer de nuevo encuentras algunas respuestas y una nueva imagen de un todo que ahora conoces.

Gracias Pablo, gracias Sandra por vuestra visita y vuestra presencia. BUEN VIAJE Y MEJORES EXPERIENCIAS.

miércoles, 18 de junio de 2008

30. Girasoles


Te miran pero si por su lado pasas, no se giran, simplemente te dan la espalda.

jueves, 12 de junio de 2008

29. Frases

“El ser humano nace sin dientes, sin pelo y sin ilusiones y muere sin dientes, sin pelo y sin ilusiones” Y mientras tanto ¿qué hace..., saquear los supermercados?

“Esto es la guerra”. Esta frase la he escuchado varias veces a lo largo de esta semana, y lo peor es que venía de personas que se suponen la han vivido.

A juzgar por lo que hacemos o como nos comportamos se diría que hay un componente salvaje que no ha desaparecido de nosotros en nuestra evolución.

Arrasar con todo en los supermercados como si de una guerra se tratara, más o menos igual que cuando dicen que van a cortar el agua y ¡hala! a llenar bañeras para luego quitar el tapón.

Ahora pueden pasar tres cosas: que se engorde aún más, que se estropeen los alimentos y se tiren y que no se llegue a fin de mes.

Pero eso sí, si viene la guerra...

miércoles, 4 de junio de 2008

28. La literatura y la vida

La literatura se introduce en nuestras vidas de una forma insensible y progresiva y, no sólo, nos va conformando el pensamiento, sino prestándonos sus propios ojos, aunque a veces, al leer notamos que nos han robado el sentimiento porque quienes nos precedieron supieron expresar mejor que nosotros lo que queríamos escribir.
No creo que haya una literatura de géneros, sin embargo cuando leo a Clarice Lispector noto como esa cuchilla, que es la palabra, penetra fielmente en lo que siento.

Yo antes quería ser los otros para conocer lo que no era yo. Entonces entendí que yo ya había sido los otros y que eso era fácil. Mi experiencia más grande sería ser el otro de los otros: y el otro de los otros soy yo”.

"Aprendiendo a vivir" Clarice Lispector

jueves, 22 de mayo de 2008

27. Sobre el goce de escribir y el compromiso


Mis dos últimas adquisiciones de libros son “Espejos” del escritor Eduardo Galeano (del que hablo en este enlace) y "Contra el fanatismo” de Amos Oz. Un pequeño librito éste, pero no por ello menos sustancioso, que recoge tres conferencias de su autor de hace unos siete años. El tema del enfrentamiento entre Israel y Palestina no se ha solucionado aún, sigue estando de rabiosa actualidad, se afirma en este libro que nos habla sobre la explicación del problema y la necesidad acuciante de solución.

Como dice Amos Oz: “ambos pueblos aman el país, ambos tienen una profunda conexión emocional con la misma tierra. En caso de esperar algo se trataría más bien de un divorcio limpio entre Israel y Palestina. Será rarísimo porque las dos partes en litigio se quedarán definitivamente en el mismo apartamento. Nadie se va a mudar. Pero siempre será mejor que esa especie de infierno en vida que todos sufren ahora en ese país tan amado”.

En la conferencia tercera del libro plantea que para escribir hay que ser capaz de: “refrendar opiniones y sentimientos contradictorios y conflictivos con el mismo grado de convicción, vehemencia y fuerza interior”.

Y justifica que quizás una postura de compromiso no es el fruto de la comprensión concreta de la historia ni del conocimiento de la controversia ideológica de ambos pueblos, sino que “tal vez sean fruto de mi hábito profesional de ponerme en el lugar o en la piel de los demás”.

Nos cruzamos cada día con personas pero pasamos sin fijarnos “vemos siluetas en vez de gente real”. Observar es la tarea del escritor; observar lo que la gente se hace entre sí o, qué relación hay entre ellos. "No estoy hablando de estilo, de técnicas, de temas ni parábolas; los exegetas entienden de esto mucho más que yo. Lo que quiero compartir con ustedes es alguno de los placeres de la experiencia de contar historias con agallas, contarles de dónde procede la urgencia actual de contar historias, y cómo se vive, incluso en términos de tiempo, de sufrimiento, de prejuicio, de tragedia, de pérdida y de derrota. Creo que existe en todo ser humano, no sólo en escritores y novelistas: la necesidad de contar una historia, de imaginar al otro, de ponerse en la piel del otro es, al final, no sólo una experiencia ética y una gran prueba de humildad, no sólo una buena directriz política, sino, finalmente también un gran placer".

lunes, 12 de mayo de 2008

26. Expectativas


Son bastantes días los que llevo sin escribir y ahora todo se agolpa en mi cabeza.

El ordenador sigue bloqueándose, pero lo intento. Amigos, han ocupado mi tiempo y mi casa y esto me gusta mucho más que pelearme con mi ordenador que pide un cambio.

Los amigos suponen en nuestra vida una especie de calidoscopio que nos complementan, lo que quiero decir es que son imprescindibles. Para mí, que se sientan cómodos, es algo muy importante, pero no es mérito mío, esto lo heredé de mi madre y de mi abuela.

Nunca me he planteado qué ven en mí los demás; sí he comprobado que, por lo general, cada persona de mi entorno me devuelve una imagen distinta según su percepción y sus expectativas.

De la definición que da María Moliner sobre "expectativa" me quedo con la más liviana:

“Posibilidad de que algo ocurra de determinada manera, basándose en el análisis de circunstancias”.

Cuando en la amistad, que es algo hermoso pero a la vez complicado, hay fricciones, casi siempre se debe al análisis de las circunstancias. Creo que, en este examen detenido de ellas, es donde fallamos debido, nuevamente, a la interpretación tan personal que damos de los hechos.

Y es aquí donde, a diferencias de opiniones, debe prevalecer el cariño y la aceptación del otro.

Pienso que, en la amistad como en el amor, no se debe abusar de las expectativas, porque, a veces, esperar de la otra persona significa que no hemos sabido ponernos en su lugar para conocer y comprender qué le puede está ocurriendo: ¿por qué no hace esta o aquella cosa que me viene bien a mí?.

En una ocasión escuché decir a una persona que “la familia te viene impuesta, pero los amigos los eliges tú”.

Y esa libertad supone una gran alegría como la alegría de estar con ellos, de celebrar la vida, de compartir, de divertirse, de reír, de oxigenarse.

Ese oxígeno que a mí me ha ayudado a superar momentos difíciles, momentos míos que nadie más que yo podía solucionar porque eran mi responsabilidad.

Creo fue Miguel Hernández quien dijo: “yo nada más soy yo, cuando estoy solo”.