Hace unos días me quejaba a una amiga de mi sedentarismo, -escribir nos despierta la neurona, pero nos mata el cuerpo- le decía y, ella me recomendaba andar. Pensé “tú también”.
Esta se ha convertido en la receta para todos los males y, no estoy en contra, andar y si es posible con la botellita de agua en la mano es muy sano.
El problema es mío que, utópica siempre, lo quiero hacer:
El problema es mío que, utópica siempre, lo quiero hacer:

bien por la playa,

bien por el campo.
Te escribiré sobre lo que para mí significa andar –me dijo.
Su escrito me gustó y convenció y, como ésta es un poco mi casa y ellas son mis amigas, me enorgullezco de poner sus palabras, con su permiso, por si os sirven.
"Salgo a la calle con mis manos en los bolsillos y me echo a andar, andar, andar. Desconecto de todo: preocupaciones, ocupaciones, de mis propios pensamientos, deseos, miedos, dudas, iras o enfados y hasta de las alegrías, de todo…
Su escrito me gustó y convenció y, como ésta es un poco mi casa y ellas son mis amigas, me enorgullezco de poner sus palabras, con su permiso, por si os sirven.
"Salgo a la calle con mis manos en los bolsillos y me echo a andar, andar, andar. Desconecto de todo: preocupaciones, ocupaciones, de mis propios pensamientos, deseos, miedos, dudas, iras o enfados y hasta de las alegrías, de todo…
Mis piernas se siguen moviendo a un ritmo propio nada determinado, casi siempre surge pausado, lento, tranquilo (sólo en algunas ocasiones de tensión mi cuerpo me pide un ritmo con mucha marcha). Mis brazos siguen relajados con las manos dejadas caer dentro de los bolsillos. En mi cara siento la brisa suave y fresca, mi respiración es tranquila.
No me propongo nada, nada. Me dejo llevar. La luz del día o de la noche me llena. Me puedo dar cuenta del bullicio de las calles; la gente que va de un lado a otro; los coches, los pitidos, ruidos, olores, como algo que está en un escenario pero yo sigo y sigo, nada va conmigo, miro sin mirar. Algunas veces me para la vistosidad de un escaparate, pero pronto paso de largo. Mis piernas siguen moviéndose. Sigo con mis manos en los bolsillos.
Todos mis sentidos perciben muchas y diferentes sensaciones y yo sigo andando, andando, respirando cada vez mas hondo y mi ser se va relajando.
Poco a poco, sin pretenderlo me voy encontrando conmigo misma e incluso en ocasiones una luz interior me ilumina y aclara.
Pero eso no importa, yo sigo sin perseguir nada, y sin desear nada, mirando sin mirar; escucho el ruido de la puerta de una casa que se abre a mi paso y una señora que sale; el ruido del tráfico de tantos autobuses, coches y carruajes. A veces, he de parar y dejar paso a un coche que interrumpe el movimiento de mis piernas o esperar en un semáforo. Veo en una terraza a la gente tranquilamente desayunando o tomando una cerveza, sentados en las mesas o arremolinados de pie en torno a un alto taburete.
Al filo de las aceras unos altos árboles se alzan majestuosos dándolo todo: sombra, vistosidad, colorido, perfumes y también alergia y, a propósito de ésta, una señora muy perfumada pasa por mi lado y me hace estornudar; un chaval pasa fumando y me echa el humo encima, (entonces desprotico). Mas yo sigo andando. Mis piernas siguen moviéndose.
Mirando sin mirar, empiezo a observar que las aceras están llenas de rampitas para que pase el carrito de aquel hombre inválido que se acerca y que él sólo conduce, o para permitir la entrada de los coches a los aparcamientos de la casa y, cómo todo esto me obliga a subir y bajar continuamente del acerado.
Y entonces ocurre el milagro: sin seguir proponiéndomelo me siento dentro de un mundo del que no soy diferente, del cual formo parte. Pero no me precipita, no me saca de mí atolondradamente. Domino mi mente y mi cuerpo ya relajados y siento una paz y una armonía que es parte de la paz y armonía del universo hacia el que me proyecto, rompiendo mi introversión y encerramiento.
Cuando vuelvo a casa he movido, no sólo las piernas, sino el corazón y mi sangre. Mi vientre y mi digestión se hacen más rápidos. Mi cuerpo está cansado, pero no importa, me siento bien, muy bien, mi mente se ha esclarecido y mis sentimientos templados. La calle y el ejercicio me han proporcionado tal cantidad de sensaciones que me han aportado VIDA y me siento llena de energía para reanudar todas mis tareas sean cuales fuesen".