miércoles, 25 de enero de 2012

232. Origen, destino o ¿sólo es el sino?

Origen
Aquel que cocina calla.
Aquel que va a ser cocinado vuelve a su origen.


Destino
Como ese era su destino decidió no aparecer.
Volvería allí, por donde había venido.


El sino
Si no podía evitar que lo frieran.
Asustaría a quien lo hiciera.
Al final no lo frió él, sino ella.


martes, 17 de enero de 2012

231. Agujeros legales

Como en un panal, sólo que el jugo que los recorre no es la rica miel, sino un invisible veneno para la sociedad.

miércoles, 11 de enero de 2012

230. Felicidad

Con el sol de la mañana ha entrado una mosca, sólo una y no la has matado, ¿te estarás ablandando? Se ha posado en el papel en que escribías, lo ha olido y para no quedarse pegada se ha frotado las patitas, coqueta. ¿Por eso la has dejado marchar?

Ahora estás leyendo y vuelve revoltosa.

La observas y recuerdo tu furia del verano. Se diría que has cambiado, Martín. ¿Te habrás vuelto bueno con tanta felicidad deseada? ¿Será el espíritu navideño que siempre te impregna cuando ha pasado la navidad?

Otro vuelo; atrevida y viendo que no hay peligro aterriza en tus labios, te está haciendo cosquillas con las patitas bien limpias, se cree la reina de los mares, feliz, sin contar con la lengua que asoma...

miércoles, 4 de enero de 2012

229. No te rindas

No te rindas, aún estás a tiempo
De alcanzar y comenzar de nuevo,
Aceptar tus sombras,
Enterrar tus miedos,
Liberar el lastre,
Retomar el vuelo.

No te rindas que la vida es eso,
Continuar el viaje,
Perseguir tus sueños,
Destrabar el tiempo,
Correr los escombros,
Y destapar el cielo.

http://amediavoz.com/benedetti.htm


sábado, 31 de diciembre de 2011

228. Girar y girar

Se acabó

Porque el tiempo vuela

Y esto es lo que llega

Os desamos, a pesar de los pesares, un buen año a tod@s.

Gracias por vuestras visitas y mejores palabras. Abrazos.

jueves, 22 de diciembre de 2011

227. ¿Qué hacer?

No hay que pasar por debajo si no quieres.

Ni tirarse a la gran piscina.

O quedarse con la sombra torcida.

Tampoco dormirse como un lagarto.

Mejor: reunirse al sol entre las espinas.

martes, 13 de diciembre de 2011

226. Rabo de lagartija

Con esta edad, mis preocupaciones no eran como las de Pepito, mi amigo, que no está en la foto porque salió con cara de bobo, y como yo me reía de él, la cortó. Ese día, ya tan lejano, le di un susto de muerte. Sí, sí, de muerte, la palabra mágica, ¿qué pasaba después de la muerte? Era el problema que nadie quería explicarme.

Antes de hacernos la foto, habíamos estado jugando a cortarles el rabo a las lagartijas. Me gustaba observar cómo se seguían moviendo después de cortárselo. Pepo, como yo lo llamaba, volvía la cara para no verlo. Pero yo seguía sus coletazos hasta que el rabo dejaba de moverse, entonces, cogía la lagartija que me daba más pena, la guardaba en una caja y la cuidaba hasta que le crecía uno nuevo. Jugábamos en la parte de detrás de la casa. Mi madre, mientras tendía la ropa, hablaba con la vecina.

-¿Que se ha muerto Antonio? –decía mi madre sorprendida- Pero si no puede ser, si desde que le cortaron la pierna pareció revivir.

-Pa que veas, Lola, si es que no somo nadie. Ya lo están velando. Arréglate y vente conmigo porque tú ahí tendrá que cumplí, que e pariente de ustede –le contestó la vecina.

-Lucía, ¿qué le han hecho a Antonio? –me preguntó Pepo con cara de susto y soltando las tijeras de golpe.

-Chistt..., calla que no me entero –le contesté bajito.

-Pero ¿qué ez velando? -me dice al oído.

-Mira que eres burro; velando tiene que ver con velatorio, que es como una merienda donde las mujeres se reúnen y se ríen mucho, y hay una caja grande con unas velas muy altas...

-Y ¿hay muertoz? -me interrumpió tirando la tapadera de su caja, el muy torpe.

-Solo uno, pero seguro que se ha muerto de la risa. Anda, tira ya los rabos, que esos sí que están muertos y vamos a ver qué pasa.

-Yo no voy, zi... ezzz que... mi madre no me deja -dijo con esa voz de cazurro y pataleando.

-Y ¿crees que a mí sí? Dile a tu madre que la mía te ha pedido que juegues conmigo porque..., tengo fiebre... no, no, creerá que te voy a contagiar, porque... tengo un juguete nuevo.

Ya había pasado un rato y mi amigo no venía, así que me colé en el patio de la vecina y de allí por la azotea hasta la casa del muerto; las mujeres estaban en la cocina en plena merienda. Todo mi afán era saber si las personas eran como las lagartijas y si les crecían las partes que le cortaban. Encontré el cuarto por el olor de las velas, habían arrimado la cama a la ventana para hacerle sitio a la caja, que ocupaba el centro de la habitación. Al otro lado estaba el armario de tres puertas con la luna del espejo en el centro.

Me subí a la cama y miré por la ventana por si alguien venía por la calle. En los pueblos no para el correveidile de las gentes en los entierros. Estaba de suerte, nadie, sólo Pepo que llegaba corriendo con sus pies planos y asfixiado de subir la cuesta.

-Quédate aquí y vigila. Me avisas si viene alguien –le dije.

Le vino de perillas quedarse fuera y se agarró a los barrotes de la ventana para observarme.

Sólo se escuchaban las risas de las mujeres y el ruido de las tazas en el fregadero. La cama, donde me encontraba de pie, estaba retirada de la caja del muerto. Tenía la tapa quitada y estaba cubierto por una sábana. Salté y caí dentro, en una especie de hueco que debía ser la pierna cortada. Por instinto me subí a la otra pierna, como cuando mi padre me cogía en cabritos, y estirándome intenté retirar la sábana de su cara. No me dio tiempo averiguar si estaba frío como dicen que están los muertos. Me vi disparada a través del espejo al tiempo que un grito, el de mi amigo, alertaba a todo el mundo. No paraba de mirarme, estaba como en un bocadillo entre la pierna levantada y el cuerpo incorporado del Antonio que había resucitado. Sentí que alguien me levantó por la espalda como a los gatos, y con brío me sacó a la calle echando pestes de mí.

Mi amigo corría como alma que lleva el diablo, y yo más detrás de él, diciéndole a voces...

-¡No corras tanto! ¡Esperaaa! ¿Ves como yo tenía razón? Está vivo y le está creciendo la otra pata como a las lagartijas.

A mi madre, la niña de la foto y la voz que narra.

Cuento incluido en la novela "El beso de las nubes", en construcción.

miércoles, 7 de diciembre de 2011

225. Cosiendo que es gerundio

Este puente nada de viajes, no sé si lo sabéis, pero estamos en crisis.
Yo desde ayer coso.
Ya os lo enseñaré.

domingo, 27 de noviembre de 2011

224. Vuelo rasante

Todas las mañanas camina, se sube a la ventana y ahí, presumida, disfruta de su mirada.


Grupo: Aves (pájaros)

Nombre Científico: Motacilla flava

Nombre Común: Lavandera boyera

jueves, 24 de noviembre de 2011

223. Aizoácea


La planta es fea con ganas,
pero inspira renovación y progreso, ¿o no?

sábado, 19 de noviembre de 2011

jueves, 10 de noviembre de 2011

221. Detrás de la reja te estaré esperando

Divisé el barrio y me adentré en sus calles estrechas. Allí estaban los patios más hermosos. Sus puertas eran encajes de hierro que los dividían del zaguán. Entré en uno y encendí la cámara. Ella no se inmutó. Una mujer joven permanecía de pie observando la calle desde el interior. Oprimía los barrotes de la reja con sus manos; éstos rodeados por sus dedos en un abrazo la sostenían. Su cuerpo en forma de ese, desmadejado, mostraba un cansancio de horas. Encajé el trípode a la cámara y lo coloqué detrás de la puerta de entrada. En la penumbra yo era sólo un objetivo que la vigilaba; observé su rostro, no había expresión en él. De vez en cuando cambiaba la postura y se dejaba caer.

No sé cuánto tiempo transcurrió, yo la contemplaba mientras ella, sin importarle mi presencia, seguía mirando fijamente la entrada.

La puerta de la calle chilló al abrirse y me sobresalté, pero no me volví para ver quien entraba porque la mujer pareció cobrar vida y se irguió. Un hombre apuesto pasó a mi lado sin reparar en mí, introdujo una llave grande en la cerradura de la reja y ésta emitió un lamento. Se acercó a la mujer, rompió su abrazo y colocó unas esposas en las delgadas muñecas de ella que parecía comérselo con los ojos. Él intentó besarla como intenta la cobra morder a su víctima, pero no le dio tiempo. Toda la dejadez de ella se volvió destreza y en un abrir y cerrar de ojos se desprendió de los grilletes, enganchó uno a la reja y otro al tobillo de él que se dejó hacer como si de un juego se tratara.

Justo en ese momento, se escuchó una potente voz en la parte alta del patio interior: corten. Buena toma, gracias a todos.