martes, 26 de junio de 2012

256. Quisiera...


Poseer la adherencia de la enredadera.

O las uñas del camaleón para no caerme en el precipicio al que nos abocan continuamente.

domingo, 17 de junio de 2012

255. Releyendo a Michael Chejov


 “El arte no es como la vida. El arte no puede ser como la vida, porque en la vida la mayor parte de las personas no saben lo que quieren. Pero el actor debe saber siempre lo que quiere el personaje. ¡El personaje debe tener siempre objetivos netamente definidos!”.

Y Chejov iba incluso más lejos. Decía: 

“Para el actor, no basta con tener simplemente un objetivo, ni siquiera sentir un tibio deseo de algo. 
Debes visualizar el objetivo como si se realizara constantemente..., es la visión del objetivo que se realiza lo que crea el impulso para un intenso deseo. Esto es lo que le dará vida a tu papel”.


domingo, 10 de junio de 2012

254. Atrapar la verdad


Una mirada

un gesto

un suspiro.

Tener la certeza

de que no hay nada

escondido.

lunes, 4 de junio de 2012

253. En guardia

Me estoy blindando ante nuevos acontecimientos

lunes, 28 de mayo de 2012

252. Por el ojo de la cerradura se sabe dónde está el fuego


-¿Qué miras otra vez? –le pregunta su mujer enfadada porque los van a dejar atrás los del viaje organizado.
-Calla y ve tú, yo me quedo, no dejo de asombrarme cómo la iglesia guisa desde el principio de los tiempos.

jueves, 24 de mayo de 2012

251. Preguntas absurdas



-¿Qué se va a hacer?
Jimena, que acostumbra a hacérselo todo sola y también a los demás, de hecho en eso consiste su trabajo, contesta sorprendida a la pregunta de la peluquera.

-Yo, nada, yo... sólo he venido a que me corten el pelo.

 A pesar de los tiempos que corren, no sólo para el ahorro, sino también para seguir trabajando, sus señores están muy contentos y le han mantenido el sueldo, eso sí, con más trabajo añadido. 
 -Estoy demasiado cansada para coger la tijera, me temblará el pulso, -se dijo mirándose al espejo para evitar cortarse las puntas como hacía siempre- además, ya es hora de sentir que alguien me hace algo a mí.

Una abuela entra en la peluquería para que le corten el pelo a su nieta, una niña de dos años. La peluquera   le pregunta una y otra vez -¿cómo te llamas? Pero la cría no se inmuta, es más, ni la mira, aunque su abuela dice que habla por los codos.

-Otra pregunta absurda, -dice Jimena entre dientes- como si el nombre, eso que otros nos han colocado, pudiera explicar algo a esa o ese  que nos ve un momento y al darse la vuelta ya lo ha olvidado.

Y es que Jimena cada vez se aleja más del mundo de los adultos, ella hace como algunas niños: protesta silenciosa.

Como el que hoy ha protagonizado un incidente en el aeropuerto de Sevilla. La noticia la daban así en la radio: “Un avión ha tenido que retrasar la salida una hora porque unos padres no han conseguido abrocharle el cinturón a su hijo”.
 

viernes, 18 de mayo de 2012

250. Hoy me siento pájaro


Quiero alejarme de tanto eco vacío.

 Hoy día estamos sordos de no escucharnos y así cada uno habla para nadie.

Me gusta primero leer y después escuchar, por este orden. Y por leer entiendo también observar un rostro. Puedo leer el de la persona que tengo enfrente, bajar a sus manos y subir a sus ojos. Es entonces cuando me siento preparada para escucharla.
 
Me pregunto ¿por qué no hacemos como los pájaros? Ellos se reparten el espacio aéreo, es decir, no cantan todos a la vez, de esa manera consiguen una mayor expresividad y así distinguimos sus sonidos.

domingo, 13 de mayo de 2012

martes, 8 de mayo de 2012

248. La puerta azul



¿Ha observado alguna vez esa puerta? -Preguntó; y cuando su compañero respondió afirmativamente añadió-: en mis recuerdos está relacionada con una historia muy extraña.

Sí, me había ido a la cama como Henry Jekyll, y había despertado como Edward Hyde. ¿Cómo podía explicar aquello? Por supuesto, podía cubrirme el rostro; ¿pero de qué serviría eso, cuando era incapaz de ocultar la alteración de mi estatura?

Y luego, con una abrumadora sensación de alivio, se me ocurrió que los sirvientes estaban acostumbrados ya a las idas y venidas de mi segundo yo.

 R. L. Stevenson “Dr. Jekyll y Mr. Hyde”

viernes, 27 de abril de 2012

247. Cuidarnos


 
Oler a menta o hierbabuena.
   
Contemplar las umbelas del cilantro.
 
              Echar el hinojo a los garbanzos                 

Y curarnos como podamos porque de esta no nos salva ni la salvia que significa “curar”.

jueves, 19 de abril de 2012

246. Sinónimos y antónimos

Aridez:

Sequedad

Esterilidad

Devastación

Desolación

Abandono

Improductividad

Infecundidad

Infructuosidad

Agostamiento


Verdor

Fertilidad

Fecundidad

Exuberancia


Mentira:

Embuste

Mendacidad

Falacia

Falsedad

Bola

Trola

Cuento

Engaño

Falsificación

Ficción

Patraña

Calumnia


Verdad

Veracidad

lunes, 9 de abril de 2012

245. La montaña al revés

Había una vez un tren que...

-¡Eh! ¿Quién habla de mí? Nadie mejor que yo para contar la historia de la montaña.

-Durante muchos años, al cruzar este puente, la montaña que dejaba a mi izquierda me recibía contenta. No era muy alta, su ladera estaba vestida de arbustos y arriba tenía una planicie cubierta de árboles. Siempre hacía lo mismo: me guiñaba un ojo cuando los habitantes del pueblo subían y le hacían cosquillas al pasear en las tardes de sol. A los pies de la montaña, a la que llamaré desde ahora Miradora, transcurre un río con un puente para los peatones y los coches, y éste por el que viajo hacia otros paisajes y estaciones. Yo, al menos, me muevo, pero ¿qué hacen las montañas además de servir de vigías? Alimentarse de agua cuando llueve y cambiar de indumentaria con las estaciones; cada una la viste con ropajes distintos para embellecerla, de ahí que estuviera tan enamorado de ella.

Un buen día toda esa armonía se rompió, como rompieron las máquinas toda la belleza de Miradora. Llegaron avasallando con sus grandes bocas, y se la fueron comiendo poco a poco. Mediante carreteras en sus paredes, las excavadoras fueron extrayendo toda la tierra, que llevaban a lavar a otro sitio, y el gran agujero se fue haciendo cada vez más hondo. Por lo visto, la tierra de Miradora estaba mezclada con trocitos de carbón, y eso era lo que le interesaba a los chatarreros de ese mineral. Eran hombres negros, no de piel sino de entrañas, todos bajitos y retacados, de cabeza gorda y bolsillos grandes que llenaban de dinero con el producto de su venta, agujereando la tierra aquí y allá y dejándola vacía y triste. Como tristes estaban: el río cubierto de polvo; las gentes del pueblo que no podían pasear ni admirarla desde sus azoteas; y yo más aún, ya nadie me guiñaba el ojo, sólo recibía polvo procedente de las excavadoras, sin poder hacer nada al recorrer apenado el mismo camino cada día.

Pero ¿quién creéis que acudió en su ayuda? El agua que todo lo huele, y, curiosa, desde su guarida en los acuíferos buscó el olor de la tierra seca, y se filtró por entre los granos de arena y piedras; porque al agua lo que le interesa es estar en paz, es decir, en su propio nivel; y cada vez que llueve, la tierra bebe hasta empaparse, guarda en bolsas la que sobra y si encuentra un agujero como el de Miradora lo cubre. Y ahí está la montaña al revés, casi llena de agua, equilibrándose. Miradora es ahora un gran lago verde donde alrededor crece de nuevo la vida, y soy yo quien le guiña el ojo cuando, al pasar cada día por mi puente, chillo: ¡pif, pif! Sus aguas son un gran espejo en el que vienen a mirarse las aves y hasta el mismo sol, presumido, cuando las nubes se apartan y le dan permiso. Y yo, desdoblado, ¡cómo me gustaría ser mi propia sombra y bañarme en el agua de Miradora!