
Encontrar al pintor en su exposición en un día distinto a la inauguración, cuando se dispone a explicar la trayectoria de sus cincuenta años de pintura a un grupo de personas, es algo que no ocurre a menudo. Lo que veo en primer lugar es a un hombre ilusionado con su trabajo.
Unida al grupo, mientras busco en mi bolso algo para anotar sus opiniones, atenta a su palabra le escucho decir: “Intento bucear hacía el interior de las cosas que tienen alma para encontrar dentro un todo que va desde un vacío hasta un baile”. Y pienso que es una frase redonda, no por estudiada, sino por sincera.
“Desde un vacío hasta un baile”. ¿Se podría definir así de escuetamente su trayectoria? Hay palabras que encierran historias como la palabra “vacío” y en sus primeros cuadros se ven claramente. Son historias de vida, de una vida dura, de platos vacíos.
Una búsqueda constante y difícil por la época en que se desenvuelve: injusta, dura y austera. Y, ante ella, su protesta vestida con el marcado trazo de su pincel. Un vacío que en esa etapa es también vacío de color, “el color sobraba en la sequedad de la vida”.
Aprendió pronto el uso de los pinceles y a pintar en el lavadero de su abuela, que desde el cuadro, en la pared de la exposición, lo mira fijamente. Se podría decir que vigila a ese nieto que tenía 16 años cuando la pintó. A ese joven que desde su lavadero con una multicopista imprimía la palabra: “libertad”.
Y mientras el nieto, que conserva la esencia de ese niño que fue, habla al grupo de esa infancia, de sus influencias artísticas, yo veo a un pintor en diálogo permanente con su obra. Un hombre que 50 años después no se siente protagonista, sino como él mismo dice: “un observador, sintiendo la emoción del espectador que le da la objetividad de la distancia”, en el reencuentro con su obra que ya no es suya, con “esa materia viva de su pasado”. Y al contemplarla ahora, dice desde su humanismo que sólo quería en esa etapa “dar cuenta de esa ausencia, de esa falta de proyectos, de ganas de vivir” que era el día a día de entonces.
Esta percepción cambia cuando conoce a la que será su compañera, Mª Paz, y luego con sus hijos. Y se puede apreciar ese cambio en la figuración, en el color de los paisajes, en los temas reflejados en sus nuevos lienzos.
“Aprendiendo y avanzando” como dice con humildad; no le da importancia a lo que hace, sólo pretende “vaciar de contenido la mirada y quedarse con el esqueleto, con las tripas”.
No puedo expresar 50 años de pintura en tan pocas palabras y, mucho menos, una vida unida al compromiso social. Los entendidos han dado y darán cuenta. Yo sólo pretendo contar cómo fue mi visita a una exposición que me emocionó.
A Paco y Mª Paz, con cariño y admiración.
Pueden visitar esta retrospectiva hasta el 17 de Enero en la Casa de la Provincia, Plaza del Triunfo 1 SEVILLA, o contemplar algunos de sus cuadros en su
blog: