lunes, 28 de mayo de 2012

252. Por el ojo de la cerradura se sabe dónde está el fuego


-¿Qué miras otra vez? –le pregunta su mujer enfadada porque los van a dejar atrás los del viaje organizado.
-Calla y ve tú, yo me quedo, no dejo de asombrarme cómo la iglesia guisa desde el principio de los tiempos.

jueves, 24 de mayo de 2012

251. Preguntas absurdas



-¿Qué se va a hacer?
Jimena, que acostumbra a hacérselo todo sola y también a los demás, de hecho en eso consiste su trabajo, contesta sorprendida a la pregunta de la peluquera.

-Yo, nada, yo... sólo he venido a que me corten el pelo.

 A pesar de los tiempos que corren, no sólo para el ahorro, sino también para seguir trabajando, sus señores están muy contentos y le han mantenido el sueldo, eso sí, con más trabajo añadido. 
 -Estoy demasiado cansada para coger la tijera, me temblará el pulso, -se dijo mirándose al espejo para evitar cortarse las puntas como hacía siempre- además, ya es hora de sentir que alguien me hace algo a mí.

Una abuela entra en la peluquería para que le corten el pelo a su nieta, una niña de dos años. La peluquera   le pregunta una y otra vez -¿cómo te llamas? Pero la cría no se inmuta, es más, ni la mira, aunque su abuela dice que habla por los codos.

-Otra pregunta absurda, -dice Jimena entre dientes- como si el nombre, eso que otros nos han colocado, pudiera explicar algo a esa o ese  que nos ve un momento y al darse la vuelta ya lo ha olvidado.

Y es que Jimena cada vez se aleja más del mundo de los adultos, ella hace como algunas niños: protesta silenciosa.

Como el que hoy ha protagonizado un incidente en el aeropuerto de Sevilla. La noticia la daban así en la radio: “Un avión ha tenido que retrasar la salida una hora porque unos padres no han conseguido abrocharle el cinturón a su hijo”.
 
Jimena es la protagonista también de estas otras entradas:

viernes, 18 de mayo de 2012

250. Hoy me siento pájaro


Quiero alejarme de tanto eco vacío.

 Hoy día estamos sordos de no escucharnos y así cada uno habla para nadie.

Me gusta primero leer y después escuchar, por este orden. Y por leer entiendo también observar un rostro. Puedo leer el de la persona que tengo enfrente, bajar a sus manos y subir a sus ojos. Es entonces cuando me siento preparada para escucharla.
 
Me pregunto ¿por qué no hacemos como los pájaros? Ellos se reparten el espacio aéreo, es decir, no cantan todos a la vez, de esa manera consiguen una mayor expresividad y así distinguimos sus sonidos.

domingo, 13 de mayo de 2012

martes, 8 de mayo de 2012

248. La puerta azul



¿Ha observado alguna vez esa puerta? -Preguntó; y cuando su compañero respondió afirmativamente añadió-: en mis recuerdos está relacionada con una historia muy extraña.

Sí, me había ido a la cama como Henry Jekyll, y había despertado como Edward Hyde. ¿Cómo podía explicar aquello? Por supuesto, podía cubrirme el rostro; ¿pero de qué serviría eso, cuando era incapaz de ocultar la alteración de mi estatura?

Y luego, con una abrumadora sensación de alivio, se me ocurrió que los sirvientes estaban acostumbrados ya a las idas y venidas de mi segundo yo.

 R. L. Stevenson “Dr. Jekyll y Mr. Hyde”